El Misericordioso, el Perdonador
En la creación de la humanidad, los
atributos divinos del perdón, la misericordia y la amabilidad también se
manifiestan. Los seres humanos fueron creados buenos y puros, con una
conciencia natural del bien y del mal. El Todopoderoso también creó deseos en
los seres humanos, y les dio una habilidad para controlar esos deseos de
acuerdo con la ley divina o de liberarlos y seguirlos ciegamente. Dios creó a
la humanidad sabiendo que ellos lo desobedecerían. En consecuencia, Él enseñó a
los seres humanos, empezando con Adán, cómo arrepentirse y por lo tanto
purificarse a sí mismos de sus pecados. Adán y Eva representan un patrón a
seguir para toda la humanidad. Ellos olvidaron el mandamiento de Dios, y Satán
jugó con sus deseos. Luego de que ellos desobedecieron a Dios, volvieron a Él arrepentidos,
y los perdonó. En la desobediencia y el regreso a Dios en arrepentimiento por
parte de la humanidad, los atributos divinos de total perdón e infinita
misericordia se vuelven manifiestos. El Profeta final, que la misericordia y
las bendiciones de Dios estén con él, informó a sus seguidores de esta realidad
al decir:
“Si ustedes no cometieran pecados
y se volvieran a Dios buscando Su perdón, Él los reemplazaría por otras
personas que cometieran pecados, le pidieran Su perdón y Él los perdonara”. (Sahih
Muslim)
Cada uno de los 114 Capítulos de la
revelación final, excepto uno, empieza con la frase: “En el nombre de Dios,
el Clemente, el Misericordioso”. Los atributos de Dios de misericordia y
perdón son enfatizados para alentar a los seres humanos a no caer en la
desesperación. Sin importar qué tan grandes sean los pecados de los seres
humanos, Dios puede perdonarlos si el hombre se vuelve a Él con arrepentimiento
sincero. El Mensajero, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:
“Cuando Dios creó el universo,
hizo una obligación sobre Sí Mismo en un documento mantenido por Él: ‘Mi
misericordia precede (supera) Mi ira’”. (Sahih Al-Bujari)
También dijo:
“[Dios creó] la misericordia con
cien partes, una de las cuales fue descendida entre los genios, los seres
humanos y los demás seres vivos. Es de esa parte de donde ellos se aman los
unos a los otros, se muestran amabilidad entre ellos e incluso los animales
tratan a sus crías con afecto. Dios ha reservado las restantes noventa y nueve
partes para Sus verdaderos adoradores en el Día de la Resurrección”. (Sahih Muslim)
Si Dios lo hubiere deseado, hubiera
podido crear a la humanidad como a los ángeles, incapaces de cometer pecados; a
pesar de esto, ese no fue Su deseo, pues Él ya había creado a los ángeles. Los
seres humanos fueron creados capaces de cometer errores, y cuando se dan cuenta
de sus errores y buscan el perdón de Dios, los atributos divinos de la misericordia
y el perdón se vuelven manifiestos.
La Justicia Suprema
En el juicio de la humanidad al final
de este mundo, los atributos de Dios de justicia suprema y equidad también se
vuelven manifiestos. Con base en Su infinita sabiduría, Dios hubiera podido crear
a todos los miembros de la raza humana que fueran a vivir en la tierra e
inmediatamente colocar a algunos de ellos en el Paraíso y a los otros restantes
en el Infierno. Antes de crear al ser humano, Dios ya conocía qué decisiones
ellos harían en sus vidas, qué provisión y oportunidades les daría, y en qué
estado de creencia o incredulidad ellos morirían. Por lo tanto, en un sentido,
se podría decir que algunas personas fueron creadas para el Paraíso y otras
para el Infierno. Aisha, la esposa del Profeta Muhammad, que la misericordia y
las bendiciones de Dios estén con él, lo citó diciendo:
“¿No sabes tú que Dios creó el Paraíso
y el Infierno, y que El creó los habitantes para cada uno de ellos?” (Abu
Dawud, An-Nasai)
Si Dios hubiera inmediatamente puesto a
aquellos destinados para el Paraíso en el Paraíso, ellos no hubieran
cuestionado la decisión de Dios. Aquellos en el Paraíso con felicidad
aceptarían una vida eterna de dicha y estarían agradecidos de que no hubieran
sido puestos en el Infierno. Sin embargo, aquellos inmediatamente puestos en el
Infierno preguntarían el por qué. Tendrían un sentimiento de injusticia debido
a su ignorancia de qué hubieran hecho si hubieran vivido en la tierra. Aquellos
en el Infierno argumentarían sin descanso que si se les hubieran dado la
oportunidad de vivir sus vidas en la tierra, hubieran creído y hubieran hecho
buenas acciones. En consecuencia, Dios le permite a los seres humanos vivir sus
vidas en la tierra y tomar todas las decisiones por sí mismos, para que todo el
que entre en el Infierno sepa que ellos escogieron el Infierno por sí mismos. Ellos
reconocerán la misericordia de Dios en sus vidas y reconocerán su pecado al
rechazar Sus señales y Su guía. Y ellos aceptarán Su juicio como justo y más
allá de cualquier reproche. A pesar de esto, ellos aún rogarán por otra
oportunidad de hacer el bien en este mundo, como Dios dice en el Corán:
“Y verás [¡Oh, Muhammad! cuán terrible será]
cuando los pecadores inclinen sus cabezas ante su Señor y digan: ¡Oh, Señor
nuestro! Ahora se nos ha evidenciado la Verdad y creemos. Permítenos retornar a
la vida mundanal para que obremos rectamente; ahora estamos convencidos’”. (Corán
32:12)
Sin embargo, si Dios fuera a enviarlos
de vuelta a este mundo habiendo olvidado lo que ellos hubieran visto en el Infierno,
de nuevo escogerían el mal y terminarían en el Infierno como antes. Dios habló
de esto en el Corán:
“Y si se les diera la oportunidad de regresar
[a la vida mundanal] volverían a [cometer] lo que se les había prohibido…” (Corán
6:28)
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