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La palabra Islam viene de la raíz “sa-la-ma”, como
las palabras “musulmán” (aquel que sigue el mensaje del Islam) y “salam” (paz).
La raíz árabe “Sa - la - ma” denota paz, seguridad y salvación, como lo hace la
sumisión y la rendición a Dios Todopoderoso. Esta seguridad es intrínseca a la
sumisión al Dios Único. Cuando una persona se somete a la voluntad de Dios,
experimenta un sentimiento innato de seguridad y tranquilidad. Debe entender
también que Dios es el Creador de todo cuanto existe y de todo cuanto existirá,
y tiene poder sobre todas las cosas. Con esta rendición y entendimiento viene la
paz: paz real, fácilmente alcanzable y eterna.
Desde el principio del tiempo, Dios Se
ha revelado a través de los Profetas y Mensajeros, que han venido con un
mensaje. Adorar a Dios, sin asociados, sin descendencia y sin intermediarios.
Las normas y leyes fueron diferentes a veces, puesto que eran aplicables a la
gente de una época o lugar particulares, pero el credo de cada Mensajero fue el
mismo. Adoren a Dios, y su recompensa será la satisfacción en esta vida y en la
otra. Cuando el Profeta Muhammad vino, en el siglo VII D.C., su mensaje fue un
poco diferente. Él llamó a la adoración del Dios Único, pero su llamado fue
para toda la humanidad. El mensaje ahora estaba completo y revelado para todos
los lugares y todas las épocas.
El Islam fue completado para beneficio
de todos los que existan hasta el Día del Juicio. No es una religión que le
pertenezca a los árabes, aunque el Profeta Muhammad, que la paz y las
bendiciones de Dios sean con él, fue árabe, ni es una religión de los países
asiáticos del tercer mundo. Existen musulmanes en todos los continentes y los
hay entre todas las razas y etnias. Hay musulmanes en Nueva York, Sidney, Cape Town
y Berlín, así como en El Cairo, Kuala Lumpur y Dubai. Los musulmanes son tan
diversos como este planeta magnífico. El Islam tampoco es una religión que
acepte un compromiso a medias o a tiempo parcial. El Islam es una forma de
vida, una forma de vida holística.
Cuando Dios creó el mundo, Él no lo
abandonó a la inestabilidad y la inseguridad, sino todo lo contrario, Él envió
guía. Lanzó una cuerda firme y constante, y al sostener fuerte esa cuerda, un
ser humano insignificante puede alcanzar grandeza y paz eterna. Un musulmán se
esfuerza por obedecer los mandamientos de Dios y lo hace siguiendo a guía
divina de vida: el Corán y las enseñanzas auténticas y tradiciones del Profeta
Muhammad.
El Corán es un libro de guía, y las
tradiciones del Profeta Muhammad explican, y en algunos casos expanden, esa
guía. El Islam, como forma de vida completa, hace hincapié en la importancia de
mantener una buena salud y ofrece las formas y medios para lidiar con la mala
salud. El Corán es un libro de sabiduría. Es un libro lleno de maravillas y
gloria de Dios, y un testamento de Su misericordia y justicia.
A través de Su misericordia infinita,
Dios nos ha brindado un enfoque holístico de la vida, uno que cubre todos los
aspectos: espiritual, emocional y físico. Cuando Dios creó la humanidad, lo
hizo con un propósito: para que Lo adoremos a Él.
“Por cierto que He creado a los genios y a
los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)
La amplitud del Islam permite que cada
aspecto de la vida, desde dormir y lavarse, hasta rezar y trabajar, sea un acto
de adoración. Aquel que está verdaderamente sometido a Dios es agradecido por
las incontables bendiciones de su vida y desea agradecer y alabar a Dios por Su
generosidad, bondad y misericordia. El Profeta Muhammad explicó que debemos
agradecer a Dios en toda situación, sea que la percibamos como buena o como
mala. La realidad es que Dios es Justo, por lo tanto, cualquiera que sea la
situación en la que se encuentre un creyente, este sabe que hay bondad y
sabiduría embebidas en ella.
“Es admirable el caso del creyente, pues todo es bueno para él, y
esto no ocurre con nadie excepto con el creyente: Si es objeto de un bien da
las gracias, y esto es bueno para él; y si sufre alguna desgracia, se arma con
la paciencia, y esto también es beneficioso para él”. (Muslim)
La vida de este mundo no es estable.
Cada persona atraviesa diferentes estados y fases: la felicidad es seguida por
la tristeza y luego el alivio o la alegría, la fe de uno es fuerte e
inquebrantable, y sin razón aparente se desploma, luego, por voluntad de Dios
lentamente se levanta de nuevo. Períodos de gran estado físico y salud son seguidos
por una lesión o enfermedad; pero con cada punzada de dolor o sufrimiento un
verdadero creyente siente que algunos de sus pecados desaparecen.
“Siempre que un musulmán se vea afligido por el daño proveniente de
una enfermedad o de otros asuntos, Dios le expiará sus pecados, como hojas que
caen de un árbol”. (Bujari y Muslim)
El Islam nos enseña a preocuparnos por
nuestra persona entera. Seguir la guía y los mandamientos de Dios nos permite
enfrentar la enfermedad y las lesiones con paciencia. Quejándonos y
lamentándonos de nuestra situación no conseguiremos nada más que dolor y
sufrimiento. Nuestros cuerpos y mentes nos han sido confiados en préstamo, y
somos responsables por ellos. La guía de Dios cubre cada aspecto de la vida y
hay maneras concretas de tratar con los problemas de salud, que comenzaremos a
explorar en el siguiente artículo.
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