Todo es Dios
Las escrituras hindúes enseñan que existen
muchos dioses, encarnaciones de dioses, personas de Dios, y que todo es Dios, brahmán.
A pesar de la creencia que el ego (el atman) de todos los seres vivientes en
realidad son brahmán, existe un sistema de castas opresivo que evolucionó
basado en que los brahmanes, la casta sacerdotal, poseen la supremacía
espiritual desde su nacimiento. Ellos son los maestros del Veda y representan
el ideal de pureza ritual y el prestigio social. Por otro lado, la casta Sudra
queda excluida del estado religioso y su único deber en la vida es “servir dócilmente”
a las otras tres castas y sus miles de sub-castas.
Según los filósofos hindúes, el propósito
de la humanidad es la realización de su divinidad y, siguiendo un camino (la
marga) a la emancipación (el moksha) de la rueda de renacimiento, la vuelta del
alma humana (el atman) en la última realidad, Brahmán. Para aquéllos que siguen
el camino del bhakti, el propósito es amar a Dios porque Dios creó a la
humanidad para “disfrutar una relación - como un padre disfruta a sus niños”
(Srimad Bhagwatam). Para el hindú ordinario, el objetivo principal de la vida
mundana queda confinado a los deberes sociales y rituales, a las reglas
tradicionales de conducta para la casta a la que pertenece: el camino del karma.
Aunque la mayoría de la religión de los
textos Védicos que disertan alrededor de los rituales de sacrificio se han visto
eclipsados por las doctrinas hindúes y prácticas encontradas en otros textos,
la autoridad absoluta y santidad del Veda sigue siendo un principio central de
virtualmente todas las sectas hindúes y sus respectivas tradiciones. El Veda
está compuesto de cuatro colecciones, el más antiguo, que es el Rigveda (los “versos
de la sabiduría”). En estos textos, Dios se describe a sí mismo como “confundido”.
La religión reflejada en el Rigveda es un politeísmo principalmente involucrado
con deidades apaciguadoras asociadas con el cielo y la atmósfera de las que el
más importante era Indra (el dios de los cielos y la lluvia), Baruna (guardián
del orden cósmico), Agni (el fuego), y Surya (el Sol). En los textos Védicos posteriores,
el interés por los dioses Rigvedicos decae, y el politeísmo empieza a ser
reemplazado por un panteísmo sacrificatorio a Prajapati (“Señor de Criaturas”),
quién es el Todo. En los Upsanidas (enseñanzas confidenciales que involucran
las ecuaciones cósmicas), Prajapati se une con la esencia de Brahmán, la
realidad suprema y sustancia del universo, reemplazando cualquier
personificación específica, transformando la mitología así en una “filosofía”
abstracta. Si los volúmenes de estas escrituras fueran los que todos los seres
humanos tuvieran que escoger para su guía, uno tendría que concluir que Dios se
escondió a Él mismo y al propósito de la creación de la humanidad.
Pero Dios no es el autor de ninguna confusión,
ni hace las cosas difíciles para la humanidad. Por consiguiente, cuando Él
reveló Su último Libro hace mil cuatrocientos años a la humanidad, Él aseguró que
sería absolutamente incorruptible para todas las generaciones de seres humanos por
venir. En esa escritura final, el Corán, Dios reveló Su propósito al crear a la
humanidad y, a través de Su último profeta, Él clarificó todos los detalles de
manera que el hombre pudiera comprenderlo fácilmente. Es en base a esta
revelación y las explicaciones proféticas que nosotros debemos analizar las
respuestas precisas a la pregunta “¿Por qué creó Dios al ser humano?”
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