|
La copa de oro fue hallada entre las
pertenencias de Benjamín, y sus hermanos quedaron estupefactos. Rápidamente se
dieron cuenta que el Primer Ministro (José) seguiría las leyes de ellos y
mantendría a Benjamín como esclavo. Esto les molestó mucho. Tenían miedo de
regresar con su padre sin su amado hijo menor. Uno de los hermanos se ofreció a
aceptar el castigo en reemplazo de Benjamín, pero su oferta fue rechazada. Otro
hermano, probablemente el mayor, decidió quedarse en Egipto mientras los otros
regresaban a su tierra a darle la cara a su padre Jacob. Cuando los hermanos
llegaron a casa, fueron de inmediato ante su padre y dijeron:
“¡Oh, padre! En realidad tu hijo ha robado, y
sólo atestiguamos lo que sabemos, y no tenemos acceso a lo oculto [para saber
si realmente lo hizo o no]. Y pregunta en la ciudad donde estuvimos y a la
caravana con la cual vinimos, pues nosotros decimos la verdad”. (Corán
12:81-82)
El Profeta Jacob ya había escuchado
esto antes. Cuando los hermanos traicionaron a José y lo lanzaron al pozo,
fueron a su padre suplicando y llorando, sin embargo sus palabras no eran más
que mentiras. Esta vez, Jacob se negó a creerles. Se apartó de ellos diciendo:
“Vosotros sois quienes sugeristeis hacer todo esto. Tendré paciencia; es
posible que Allah me los devuelva todos” (Corán 12:83). Jacob había
pasado años de duelo por José y confiando en Dios. Cuando esta nueva tristeza
lo abrumó, su primera reacción fue ser paciente. Él sabía, sin ápice de duda,
que los asuntos de sus amados hijos menores eran controlados por Dios.
A pesar de que confió completamente en
Dios, Jacob se comportó como cualquier padre en las mismas circunstancias. Fue
vencido por el dolor y lloró inconsolable. Recordó a José y lloró hasta que
enfermó, y debido a su enfermedad perdió la vista. Los hermanos estaban
preocupados por su dolor y tristeza, y cuestionaron su constante dolor. Le
preguntaron: “¿Llorarás hasta el día de tu muerte?” Jacob respondió que sólo se
quejaba de su dolor y sufrimiento a Dios y que sabía, por Dios, cosas que ellos
no. (Corán 12:86)
Aunque han pasado muchos años, Jacob no
olvidó a su hijo José. Jacob reflexionó sobre el sueño de José y entendió que
el plan de Dios llegaría a buen término. Jacob estaba profundamente herido por
la pérdida de sus hijos, pero su fe en Dios lo sostuvo, y les ordenó a sus
hijos que regresaran a Egipto en búsqueda de José y Benjamín.
José se revela
Una vez más, los hermanos emprendieron
el largo viaje a Egipto. El hambre se había cobrado su precio en los
alrededores y la gente estaba pobre y enferma. Cuando los hermanos se
presentaron ante José, se encontraban también entre los pobres. Su nivel de
debilidad los obligó a pedir limosna. Dijeron:
“¡Oh, administrador! Hemos sido alcanzados
por la desgracia [de la sequía], nosotros y nuestra familia, y trajimos una
mercadería de escaso valor, danos la justa medida y sé caritativo con nosotros;
ciertamente Allah recompensa a los generosos”. (Corán 12:88)
José no podía soportar ver a su familia
en esa situación, a pesar que esos eran los hombres que lo habían traicionado.
Miró a sus familiares y no pudo mantener más su secreto, les dijo:
“¿Acaso no sabéis lo que hicisteis con José y
su hermano, inducidos por la ignorancia [cuando erais jóvenes]?” (Corán 12:89)
Los hermanos reconocieron de inmediato
a José, no por su aspecto, pues lo habían visto muchas veces antes, sino porque,
¿quién más podía conocer la verdadera historia de José, sino José mismo?
“Yo soy José y éste [Benjamín], es mi
hermano [de padre y madre], y Allah nos agració a los dos [con la fe]. Quienes
teman [Su castigo] y sean pacientes [ante las adversidades] sepan que Allah no
dejará de recompensar a los benefactores”. (Corán 12:90)
Los hermanos tenían miedo, sus acciones
pasadas eran pecados graves, y ahora estaban en una posición de vulnerabilidad.
Ellos quedaron aterrados frente al Primer Ministro de Egipto, que ya no era ese
pequeño y hermoso joven llamado José. A través de sus retos y tribulaciones,
José, al igual que su padre, halló consuelo en la sumisión al Único Dios.
Entendió la paciencia, y las cualidades de la misericordia y la piedad están
embebidas en la verdadera paciencia. Miró a sus hermanos que temblaban de miedo
y dijo: “No seréis censurados en nada hoy; Allah os perdonará, y Él es el
más Misericordioso”. (Corán 12:92)
De inmediato, José hizo planes para
reunir a su familia. Les pidió a los hermanos que regresaran con su padre y le
lanzaran a la cara una vieja camisa suya. Esto, dijo, le curaría la ceguera. Al
instante, a pesar de que el anciano estaba tan lejos, volvió su rostro hacia el
cielo y olió, creyendo que podía oler a José en el aire. Este es uno de los
milagros, hecho posible por Dios, del Profeta José. Cuando los hermanos
llegaron, le lanzaron la camisa a la cara y él recuperó la vista. Gritó: “¿No
os dije que sabía de Allah lo que vosotros ignoráis?” (Corán 12: 96)
La familia del Profeta Jacob reunió sus
pertenencias y viajaron todos hacia Egipto. Jacob estaba dispuesto a reunirse
con sus hijos. Fueron directamente ante José y lo hallaron sentado en un trono
elevado. José le habló a su familia diciendo: “Entren en Egipto en plena
seguridad, si Dios quiere”.
El inicio del capítulo 12 del Corán, José,
comienza con el joven muchacho José describiendo su sueño a su amado padre Jacob.
Dijo: “Por cierto que vi [en sueños] once astros, también al Sol y la
Luna, que se prosternaban ante mí” (Corán 12:4). El Corán termina la
historia de José de la misma forma que comenzó, con la interpretación del
sueño. Los once astros eran sus hermanos, el sol su padre y la luna su madre.
“Y cuando se presentaron [todos] ante José,
estrechó a sus padres y dijo: Ingresad en Egipto [donde estaréis] seguros, si
Allah quiere. Hizo sentar a sus padres en el trono y todos [tanto sus padres
como sus hermanos] hicieron una reverencia ante él, quien dijo: ¡Oh, padre mío!
Esta es la interpretación del sueño que tuve antes [cuando era niño]; por
cierto que mi Señor hizo que se cumpliera, y me agració haciéndome salir de la
cárcel, y también al traeros ante mí del desierto, después de que Satanás había
sembrado la discordia entre mis hermanos y yo. Ciertamente mi Señor es Sutil
con quien quiere [agraciándolo], y Él es Omnisciente, Sabio”. (Corán 12:98-100)
La esencia de la historia de José es la
paciencia ante la adversidad y el dolor. José enfrentó cada reto con paciencia
y con completa confianza en Dios. Su padre, Jacob, soportó su dolor y sufrimiento con paciencia y
sumisión. Todos los capítulos del Corán fueron revelados en momentos
particulares, en respuesta a situaciones particulares. Este capítulo fue
revelado al Profeta Muhammad en un momento de gran dolor. De hecho, el año de
esta revelación es conocido como “el año de la tristeza”. El Profeta Muhammad
tuvo que soportar la muerte de su amada esposa Jadiya primero y luego la de su
tío Abu Talib. Ambos le proporcionaron comodidad y apoyo. Dios le estaba
advirtiendo al Profeta Muhammad que el camino sería largo y difícil, pero que
la victoria final le pertenece a aquellos con consciencia de Dios y con
paciencia. La historia de José es una lección para todos nosotros. La verdadera
paciencia, que los eruditos del Islam llaman, parafraseando al Corán, “Sabrun
Yamilun”, Paciencia Hermosa, es una llave de la puerta del Paraíso.
|