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El Profeta Muhammad dijo: “Cada Profeta
fue enviado exclusivamente a su nación, pero yo he sido enviado a toda la
humanidad”.
Dios envió a José, hijo de Jacob, para el pueblo de Egipto, y lo apoyó con
habilidades que eran tan evidentes, que se hizo claro para la gente que José
había sido enviado para guiar. En la época de José, los sueños y su
interpretación eran muy importantes, y esto queda claro a lo largo de la
historia de José. El Profeta Jacob (padre de José), los compañeros de prisión y
el rey de Egipto tuvieron sueños todos ellos.
Cuando el rey escuchó la interpretación
de su sueño, quedó atónito y liberó a José. Sin embargo, José se rehusó a
abandonar la prisión sin que primero se limpiara su nombre y se aclarara
cualquier malentendido. Él quería que su amo, Al Aziz, estuviera completamente
seguro de que él (José) no había traicionado su confianza. José exigió
respetuosamente que el rey investigara el asunto de las mujeres que se habían
cortado las manos. El rey sintió curiosidad y llamó a la esposa de Al Aziz y a
sus camaradas.
“[Las mujeres fueron reunidas ante el rey y]
les dijo: ¿Qué sucedió cuando pretendisteis seducir a José [acaso él se
comportó incorrectamente]? Dijeron: ¡Que Dios nos proteja! No sabemos nada malo
de él. Entonces la mujer del administrador exclamó: Ahora se aclaró la verdad.
Yo soy la que pretendió seducirlo, y ciertamente él dice la verdad”. (Corán
12:51)
Una vez se estableció su inocencia,
José se presentó ante el rey. Después de escuchar las palabras de José, el rey
quedó aún más impresionado y le confió una posición de alto rango. José dijo: “Nombradme
administrador de los almacenes [de semillas] del país, que yo en verdad soy un
guardián conocedor” (Corán 12:55). En la religión del Islam, no es
permisible para uno pedir una posición de autoridad ni referirse a sí mismo de
manera jactanciosa. Sin embargo, cuando José le pidió al rey que lo pusiera a
cargo de los depósitos, hizo ambas cosas.
Los eruditos del Islam explican que
cuando eres una persona idónea para una posición, entonces es permisible que la
solicites, y si eres nuevo en una comunidad, te es permitido presentarte con
todas tus credenciales. José conocía los retos que debería enfrentar Egipto, y
sabía que era capaz de evitar el peligro inherente a una hambruna. Para José,
no pedir esta posición habría sido irresponsable. El joven traicionado y
arrojado a un pozo, ahora era establecido como Ministro de Finanzas de Egipto.
Su paciencia y perseverancia, y sobre todo su total sumisión a la voluntad de
Dios, resultaron en una gran recompensa. José sabía, sin embargo, que la mejor
recompensa a la paciencia y la rectitud estaría en la otra vida.
José se reúne con sus hermanos
El tiempo pasó. Durante los siete años
buenos, José hizo los preparativos para la época de hambruna que se avecinaba.
La sequía y el hambre correctamente profetizados por José no afectaron sólo a
Egipto, sino también a las tierras a su alrededor, incluyendo el lugar donde
vivían Jacob y sus hijos. José manejó los asuntos de Egipto tan bien, que había
grano suficiente para alimentar a la gente de Egipto y de aquellas áreas
circundantes. A medida que la vida se hacía más difícil y la comida escaseaba,
la gente comenzó a acudir a Egipto para comprar el grano que José estaba
vendiendo a un precio justo.
Entre aquellos que buscaban provisiones
estaban los diez hermanos mayores de José. Cuando fueron llevados ante la
presencia de José, no lo reconocieron. José miró a sus hermanos y su corazón se
llenó de anhelos de ver a su padre y a su hermano menor, Benjamín. Los saludó
con respeto, les preguntó sobre la familia y el hogar, y les explicó que las
raciones de grano serían distribuidas por cabeza, por lo tanto, si hubieran
llevado al hermano menor con ellos, habrían recibido más raciones. José
esperaba animarlos a llevar a Benjamín, de hecho, José fue más allá, al punto
de decir que sin su hermano menor no recibirían provisión alguna.
“Y si no me lo traéis, no obtendréis más
provisiones de mi parte, ni recibiréis mi hospitalidad”. (Corán 12:60)
Cuando volvieron donde su padre, el
Profeta Jacob, le explicaron que no se les brindaría más grano hasta que
viajaran con su hermano menor. Benjamín se había hecho muy cercano de su padre,
especialmente después de la desaparición de José. Recordando su pérdida
anterior, Jacob no quería separarse de su hijo. Una vez más, los hermanos
prometieron proteger a su hermano menor, y de nuevo Jacob sintió que su corazón
se encogía de miedo. Los hermanos encontraron entonces que el dinero que habían
pagado por el grano, había regresado a ellos en secreto.
Jacob tenía completa confianza en Dios
y les dio permiso de llevar a Benjamín sólo después que hicieron un juramento
ante Dios de protegerlo. Aunque el Profeta Jacob era particularmente cercano a
sus hijos José y Benjamín, amaba entrañablemente a todos sus hijos. Eran
fuertes, capaces, y Jacob tenía miedo de que les pudiera ocurrir algún daño en
su viaje a Egipto. Para minimizar los riesgos, les hizo prometer que entrarían
a la ciudad por puertas distintas. Jacob les dijo:
“¡Oh, hijos míos! No entréis por una sola
puerta, sino hacedlo por puertas diferentes [pues temo que os alcance el mal de
ojo por envidia a vuestro hermoso aspecto], y sabed que no puedo hacer nada
contra el designio de Allah, pues ciertamente Él es Quien decreta todos los
asuntos. A Él me encomiendo, y que también lo hagan quiénes en Él confían”. (Corán
12:67)
Los hermanos regresaron a Egipto,
entraron por diferentes puertas y fueron ante José por las provisiones
prometidas. Durante esta reunión, José llevó a un lado a Benjamín y le reveló
que era su hermano perdido hacía mucho tiempo. Los dos se abrazaron y sus
corazones se llenaron de alegría. José, sin embargo, le pidió a Benjamín que
mantuviera su reunión en secreto por el momento. Después de darle sus raciones
de grano a los hermanos, José se las arregló para que una copa de oro fuera
colocada en la bolsa de Benjamín, y luego, de acuerdo a lo que había dispuesto
José, alguien gritó: “¡Oh, caravaneros! Ciertamente sois unos ladrones”.
(Corán 12:70)
Los hermanos quedaron estupefactos
puesto que no eran ladrones. Se les preguntó acerca del artículo robado y se
asombraron al escuchar que era la copa de oro del rey. Quien la devolviera, se
les dijo, sería recompensado con una carga de camello de grano. Los hermanos de
José afirmaron no tener conocimiento de este robo. Aseguraron que no eran
ladrones y que no habían ido a Egipto a hacer daño. Uno de los hombres de José
preguntó: “¿Cuál es el castigo en su pueblo para el que roba?” Los hermanos
respondieron que bajo la ley del Profeta Jacob, el que robaba era tomado como
esclavo. José no quería que su hermano fuera castigado bajo las leyes de
Egipto, sino que buscaba la oportunidad de mantener con él a su hermano
mientras los otros regresaban a buscar a su padre Jacob. Las bolsas fueron
revisadas y la copa de oro fue encontrada entre las posesiones de Benjamín.
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