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Aunque traicionado y vendido como
esclavo, José, el hijo del Profeta Jacob, se instaló en una de las poderosas casas
de Egipto. Su amo, Aziz, Primer Ministro de Egipto, se comprometió a tratar a
José con amabilidad, y José, que estaba agradecido por la relativa seguridad,
respondió que sería leal a su nuevo amo. Agradeció a Dios por mejorar su
situación y ponerlo en un lugar desprovisto de maltrato y abuso. José pasó de
la posición de hijo predilecto a las oscuras profundidades del pozo, de los
grilletes de hierro a una posición de comodidad. La vida de José se retorcía y
giraba, pero la casa de Al Aziz fue donde él pasó a la edad adulta.
Los eruditos del Islam han estimado que
José tenía alrededor de 14 años cuando fue traicionado por sus hermanos. El Imam
Ibn Kazir, uno de los más respetados eruditos del Corán, explicó en su trabajo Historias
de los Profetas, que José fue muy probablemente el asistente personal de la
esposa de Al Aziz. Ibn Kazir describe a José como obediente, educado y muy bien
parecido. El Profeta Muhammad también describió a José y lo llamó “la
encarnación de la mitad de toda la belleza”.
En tanto José crecía, Dios le otorgó sabiduría y buen juicio, y el Primer
Ministro Al Aziz reconoció estas cualidades en su sirviente leal, y por ello lo
puso a cargo de todos los asuntos domésticos. Todo el que lo conocía,
incluyendo a la esposa de Al Aziz, reconocía la belleza, honestidad y nobleza
de José. Ella vio crecer a José y convertirse en un hombre apuesto, y se sintió
cada vez más atraída hacia él a medida que pasaban los días.
La prueba
“Y la señora de la casa en la cual estaba [la
esposa del administrador] se sintió atraída por él, y cerrando las puertas
exclamó: ¡Ven aquí!” (Corán 12:23)
La hermosa esposa de Al Aziz cerró las
puertas e intentó seducir al esclavo José, pero él se resistió a sus
insinuaciones y buscó refugio en Dios. Buscó la ayuda de Dios. José le dijo a
ella que no traicionaría a su marido. Dijo José: “Él ha sido bueno conmigo y me
ha tratado con respeto”. José sabía que aquellos que cometen actos malvados no
tendrán éxito. La esposa de Al Aziz tenía un deseo maligno y trató de actuar en
consecuencia, sin embargo José resistió la tentación e intentó escapar. El
Profeta Muhammad nos dice que si uno tiene la intención de cometer un mal y
lleva a cabo ese acto, Dios se lo registra como una mala acción. Sin embargo,
si uno piensa en cometer el mal pero no lo lleva a cabo, Dios escribirá a favor
de uno un acto bueno.
José quitó de su mente toda idea de
acostarse con la esposa de su amo, buscó refugio en Dios e intentó escapar de
esa situación complicada. Quizás José había estado resistiendo sus
insinuaciones durante años. Una mujer rica y hermosa, de las esferas más altas
de la sociedad egipcia no se rebajaría de inmediato a ese comportamiento. Su
belleza, estatus y riqueza significarían que la mayoría de los hombres o
muchachos sucumbirían con facilidad a sus deseos. José, sin embargo, no era un
hombre ordinario, y cuando buscó afanosamente la ayuda de Dios, Él lo rescató.
“Y ella intentó seducirlo pero él se negó, y
bien sabía que se trataba de una prueba de su Señor. Por cierto que lo
preservamos del mal y la obscenidad, porque era uno de los siervos elegidos”. (Corán
12:24)
José es uno de los líderes de aquellos
que estarán a la sombra de Dios en el Día del Juicio. El Profeta Muhammad
explicó que el calor del Día del Juicio será feroz, y la gente se mezclará con
miedo mientras esperan ser juzgados por Dios. Habrá, sin embargo, ciertas
categorías de personas a la sombra de aquel calor brutal. Una de ellas es la de
quienes resistieron las tentaciones de una mujer bella y deseable, buscando
refugio en Dios.
La negativa de José sólo aumentó la
pasión de ella. Él trató de huir y ambos corrieron hacia la puerta. La esposa
de Al Aziz alcanzó a José por la camisa y se la arrancó de la espalda. En ese
momento se abrió la puerta y su esposo entró. De inmediato, sin vacilar ni por
un segundo, la esposa de Al Aziz intentó voltear la situación a su favor. Le
lloró a su esposo y le dijo: “¿Acaso la pena para quien pretenda hacer un
daño a tu familia no es sino que lo encarcelen, o que reciba un castigo
doloroso?” Su acusación era una mentira evidente; sin embargo, la pronunció
con facilidad y sugirió que José fuera puesto en prisión. José intentó
defenderse y dijo: “Ella intentó seducirme” (Corán 12:25-26). Uno
de los familiares de ellos apareció de repente y ofreció una manera de resolver
este dilema. Dijo:
“Y entonces un miembro de la familia de ella
planteó que si su camisa estaba rasgada por delante, ella habría dicho la
verdad y él sería quien mintiese. Y si su camisa estaba rasgada por detrás,
entonces ella mentía y él decía la verdad”. (Corán 12:26-27)
Si su camisa estaba desgarrada por la
espalda, como en efecto estaba, significaba que él había tratado de escapar y
que ella había corrido tras él, rompiendo la camisa por su espalda. La prueba
era irrefutable. El Primer Ministro, aunque visiblemente molesto, estaba más
preocupado por ocultar este asunto. No quería que su buen nombre y su posición
fueran manchados por un escándalo. Pidió a José que guardara silencio sobre la
situación y dijo a su esposa que pidiera perdón a Dios. Esto debería haber sido
el fin de la cuestión, pero como es común en las sociedades más ricas, la gente
tiene un montón de tiempo libre. Muchas horas son desperdiciadas en comidas y
chismes sobre los asuntos de los amigos, vecinos y familiares.
Las mujeres
Las mujeres de la ciudad comenzaron a
hablar acerca de la esposa de Al Aziz y de su enamoramiento de su esclavo José.
Los rumores se extendían y las mujeres se preguntaban cómo ella podía desear a
un esclavo y poner así su reputación en peligro. La esposa de Al Aziz ideó la
forma de enseñarles a estas mujeres una lección y mostrarles qué tan hermoso y
deseable era José. Las invitó a almorzar con ella, puso frente a ellas una
hermosa mesa y les entregó cuchillos para cortar la comida. La habitación
estaba probablemente llena de miradas tensas y silenciosas mientras las mujeres
esperaban darle un vistazo a este esclavo, y además se consideraban a sí mismas
mejores que la esposa de Al Aziz. Las mujeres comenzaron a comer, y en ese
momento José entró a la habitación. Ellas levantaron sus miradas, vieron su
belleza y olvidaron que tenían cuchillos en sus manos. Las mujeres estaban tan
fascinadas por su figura que se cortaron los dedos. Describieron a José como un
ángel noble. La esposa de Al Aziz, confiada y arrogante, dijo a sus invitadas:
“Éste es aquel por quien me censurabais, y
ciertamente quise seducirlo y se resistió. Y si no hace lo que le ordeno, será
encarcelado y humillado”. (Corán 12:32)
¿Qué iba a ser de José? Una vez más,
con total humildad, él se volvió a Dios diciendo que era preferible ir a
prisión que sucumbir a los deseos de la mujer. Por lo tanto, su Señor respondió
a su invocación.
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