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Otro bien que resulta del sufrimiento es que el alma se
purifica a través de él. El Profeta Muhammad declaró:
“Por Aquel en Cuyas Manos está mi
alma (es decir, Dios), ningún creyente es afectado por la fatiga, el cansancio,
la preocupación o el dolor, sin que Dios le perdone algunos de sus pecados,
incluso cuando se pincha con una espina”. (Musnad Ahmad)
Algunas personas describen una sensación de ardor cuando
están muy tristes. A nivel físico, esto puede ser sólo reflujo gastroesofágico
provocado por el estrés y la ansiedad, pero a nivel simbólico representa al
corazón espiritual quemando los pecados como un horno de alta temperatura.
Cuando un creyente es golpeado con sufrimiento, Dios expía algunos de sus
pecados como misericordia. Como consecuencia, esa persona no será castigada por
esos pecados en el Más Allá y, por lo tanto, será llevado hacia el Paraíso.
Quizás un escéptico pueda preguntarse por qué Dios no se
limita a perdonar a Sus siervos sin afligirlos con sufrimiento en esta vida o
en el Más Allá. La respuesta a esto es que Dios de hecho perdona cualquier y
todos los pecados, siempre y cuando Su siervo se dirija penitente hacia Él y
busque Su Gracia y Su Perdón. Al siervo que acude a Dios buscando perdón, Dios
lo perdona sin ningún castigo como penalidad, y sin retribución alguna. Dios borrará
todos sus pecados como si nunca hubieran ocurrido. Según el Profeta Muhammad, quien
se dirige a Dios pidiendo penitencia será perdonado “incluso si ellos (sus
pecados) son (numerosos) como las manchas de espuma en el mar, tan numerosos
como los granos de arena, tan pesados como las montañas, y tantos como las
gotas de lluvia y las hojas de todos los árboles”.
Dios perdona a aquellos que buscan Su Perdón, y esto es
porque Él ama a aquellos creyentes que se humillan ante Él, a aquellos que
buscan penitencia de Él, y a aquellos cuyos corazones lloran porque Lo han
desobedecido. El Corán dice:
“…ciertamente Dios ama a los que se
arrepienten y purifican”. (Corán 2:222)
Pero, ¿qué hay de aquel que peca y
nunca busca el Perdón de Dios? ¿Qué del que continúa pecando sin planes de
dejarlo? Dios no permite que todos los pecados se queden sin castigo, porque
eso llevaría a la gente a volverse negligente y débil. La aplicación del
castigo sobre esos pecadores es por su propio beneficio, así como la aplicación
del castigo de un padre hacia su hijo es para el beneficio del niño. Por
ejemplo, un niño de seis años de edad mete los dedos en un enchufe eléctrico; su
padre, temeroso de que pueda electrocutarse, lo castiga por ello. Un padre
amenaza con castigar a su hijo sólo para beneficiar al niño, aun cuando el niño
recalcitrante sea demasiado inmaduro para darse cuenta de que el castigo
proviene del amor y la preocupación de su padre. Si el niño pone sus dedos en
el enchufe eléctrico, será él mismo —no su padre— el que resultará
electrocutado. Del mismo modo, si pecamos, lo hacemos en detrimento propio, y
la Gloria de Dios no se ve afectada. El castigo mundanal es, por tanto, un
medio, no el fin: el objetivo del castigo no es castigar, sino más bien servir
como elemento fuerte de disuasión.
Si un padre es demasiado indulgente con su hijo y no
dice nada cuando el niño mete sus dedos en el enchufe, entonces el niño no se
dará cuenta de la gravedad de lo que está haciendo. Él seguirá metiendo los
dedos en el enchufe hasta que un día se electrocute y muera. Del mismo modo, si
Dios no les manda aflicciones a Sus siervos, ellos no se darán cuenta del error
en sus vidas impías hasta que los alcance la muerte espiritual. Por ejemplo, el
marido mujeriego que nunca se da cuenta de que sus indiscreciones destruirán un
día la unidad de su familia, el jugador compulsivo que no se da cuenta de que
su adicción lo llevará a la bancarrota, y el alcohólico que no se da cuenta de
que su bebida lo llevará a una vida de miseria y vacío. Así que Dios envía
castigos a estas personas, no sólo para que expíen sus pecados, sino para alertarlos
y despertarlos de sus caminos perjudiciales.
Imagine un niño que sabe que sus padres no harán nada si
lo sorprenden consumiendo drogas. Esto sería negligencia de sus padres, que lo
llevarían a dañarse a sí mismo sin temer las consecuencias. Por lo tanto, un
padre responsable establecerá ciertas pautas para que el niño sepa que si
consume drogas, será encerrado. Esto hace que el niño se aleje de las drogas
por temor a ser castigado. Del mismo modo, la creación del Infierno —aunque es
un castigo— es también una misericordia hacia la humanidad: a través de la
amenaza que representa, Dios crea mucho bien. El fuego del Infierno es un
castigo con el que Dios amenaza a Sus siervos, para que Le teman y Lo
obedezcan. Esa gente entonces se hace espiritual, recta y bien guiada. Esto no
beneficia a Dios, sino que sólo los beneficia a ellos. Dios no necesita de
ellos, pero ellos necesitan a Dios en sus vidas.
Dios da a Sus siervos muchas oportunidades y
advertencias antes de condenarlos al Infierno. Una analogía de esto es un
oficial de policía que atrapa a una conductora que suele exceder la velocidad.
La primera vez que ella es atrapada a alta velocidad, el oficial de policía le
hace una advertencia. La segunda vez, el policía la multa con $50. La tercera
vez, le da una multa fuerte de $300. La cuarta vez, ella debe realizar horas de
servicio comunitario, y la próxima vez le será suspendida la licencia, etc. La
metodología divina funciona de manera similar: Él aflige a la gente con
castigos menores en su vida mundanal, de modo que se den cuenta del
error de sus vidas. En otras palabras, Dios permite que le ocurran cosas malas
a la gente buena para así castigarla por sus pecados, este castigo sirve como
advertencia de modo que se corrijan a sí mismos en esta vida y evitar de este
modo el castigo en el Más Allá. Seguramente un automovilista preferirá ser
multado con $50 en lugar de ser llevado directamente a la cárcel. Del mismo
modo, un creyente preferirá ser castigado en esta vida en lugar de ser arrojado
al fuego del Infierno en la próxima.
Lo que esto significa es que cuando un creyente es
golpeado por alguna calamidad, hallará sosiego en el hecho de que sus pecados están
siendo perdonados por Dios. Él debe saber que Dios lo compensará por cada mal y
agravio que sufra, y ¡Dios es El Más Justo! El Profeta Muhammad nos dijo que
Dios compensará a Sus siervos incluso por un dolor tan pequeño como una espina
que le pinche la piel. Un creyente que está pasando por un momento difícil no
debe ser ingrato con Dios ni cuestionar la justicia de Dios, puesto que Dios le
compensará todo en la próxima vida. Esta es la Promesa de Dios a la humanidad.
Un creyente que es agraviado con pruebas y tribulaciones, debe tomarse en serio
el hecho de que él es uno de los escogidos de Dios, a quien Dios ama tanto que
no lo castigará con el Infierno, sino que en lugar de ello Él desea purificarlo
en esta vida.
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