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“Y todos los asuntos son como Allah lo
dispone, pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (Corán 12:21)
La historia de José confirma incondicionalmente
que Dios tiene control total sobre todas las cosas. La traición y el engaño de
los hermanos de José sólo tuvieron éxito en preparar a José para la gran
posición que ocuparía finalmente. La historia de José describe la omnipotencia
de Dios y nos da cuenta exacta de Su poder y supremacía. La historia comienza
con engaño, pero termina con comodidad y alegría. Una recompensa justa por la
paciencia y la total sumisión a la voluntad de Dios que José mostró a través de
su largo viaje, enfrentando las intrigas y la traición de quienes lo rodeaban.
La paciencia que aprendió José de su
terrible experiencia lo convirtió en uno de los más justos de entre los
hombres. Su linaje era impecable, su bisabuelo, su abuelo y su padre también
eran Profetas. En las tradiciones cristiana y judía, estos hombres son
conocidos como Abraham, Isaac and Jacob.
Engaño y traición
Cuando los hijos mayores de Jacob
pidieron permiso para llevarse con ellos a José a las profundidades del
desierto para jugar, Jacob sintió miedo en su corazón. Desde sus primeras
palabras, él sospechó la traición y expresó su miedo de que un lobo atacara a
José. Jacob dijo:
“En verdad me apena [que se separe de mí y]
que os vayáis con él, y temo que se lo coma un lobo cuando estéis descuidados”.
(Corán 12:13)
Satanás trabaja de manera sutil y
engañosa, y con sus palabras, Jacob les proporcionó involuntariamente a sus
hijos la razón perfecta para la desaparición de José. Los hermanos supieron de
inmediato que culparían a un lobo por la desaparición de José, y esto se
convirtió en parte de su cobarde plan. Jacob estuvo finalmente de acuerdo y
permitió a José ir con sus hermanos en su viaje por el desierto.
Fueron directamente al pozo y sin
remordimientos, tomaron a José y lo lanzaron en él. José lanzó un grito de
miedo, pero sus crueles corazones no sintieron piedad por su hermano menor. Los
hermanos confiaban en que un viajero hallaría a José y lo vendería como
esclavo. Mientras José pedía auxilio aterrado, los hermanos tomaron un pequeño
carnero o cordero de su rebaño, lo sacrificaron y limpiaron la sangre sobre una
de las prendas de José. Consumidos por completo por su envidia, los hermanos
hicieron un juramento para mantener en secreto su fechoría y se alejaron
satisfechos de sí mismos. José, aterrado, se aferró a una cornisa en el pozo y
Dios le hizo saber que un día se enfrentaría a sus hermanos. Él le dijo a José
que llegaría el día en que les hablaría a sus hermanos de ese evento cobarde,
pero los hermanos no sabrían que estarían hablando con José.
“Ciertamente les recordarás [un día] esta
acción, y no se darán cuenta [que ello te fue revelado]”. (Corán 12:15)
El llanto no es evidencia de la verdad
Los hermanos regresaron a su padre
llorando. En ese momento, ya era de noche y Jacob estaba sentado en su casa
esperando con ansias el regreso de José. El sonido de diez hombres llorando
confirmó su temor más profundo. La oscuridad de la noche sólo era comparable
con la oscuridad de sus corazones. Las mentiras salieron con facilidad de sus
lenguas y el corazón de Jacob se encogió de miedo.
“Dijeron: ¡Oh, padre! Nos adelantamos para
competir [con nuestros arcos], y dejamos a José con nuestras provisiones, y
entonces se lo comió un lobo. No nos creerás a pesar de que somos veraces. Y le
mostraron su camisa manchada con sangre falsa”. (Corán 12:17-18)
En una historia de los hombres rectos
que vinieron después del Profeta Muhammad, viene un relato de un juez musulmán
que estaba decidiendo el caso de una anciana. Los detalles del caso no son
importantes; sin embargo, la anciana lloraba y lloraba. Con base en la
evidencia, el juez falló en su contra. Un amigo del juez dijo: “Ella lloraba y
lloraba, es vieja, ¿por qué no le creíste?” El juez dijo: “¿Acaso no sabes, por
el Corán, que el llanto no es evidencia de la verdad, pues los hermanos de José
fueron llorando ante su padre?” Ellos estaban llorando, pero habían cometido el
crimen.
Tanto Jacob como José fueron de los más
nobles entre los hombres. El Profeta Muhammad describió a José como el hombre
más digno y generoso. Cuando se le pregunto quién era el hombre más temeroso de
Dios, dijo: “La persona más honorable es José, el profeta de Dios, el hijo del
profeta de Dios, el hijo del siervo amado de Dios (Abraham)”. Mientras
José estaba sentado en el pozo, aterrorizado, seguía seguro de su sumisión a
Dios; y Jacob, a muchos kilómetros de allí, sentía su corazón encogido de miedo
y dolor, pero sabía que sus hijos mentían. Como corresponde a un profeta de
Dios, con lágrimas bañando su rostro, dijo Jacob:
“Eso es lo que les susurra vuestra alma.
Tendré paciencia, y Allah es a Quien debo implorar el socorro sobre lo que
narráis”. (Corán 12:18)
Este era un dilema para Jacob, ¿qué iba
a hacer? Sabía que sus hijos mentían, pero, ¿cuáles eran sus opciones? ¿Matar a
sus hijos? Debido a su completa sumisión a Dios, Jacob sabía que este asunto
estaba más allá de sus manos. No tenía más opción que confiar en Dios y
volverse a Él con esperanza y paciencia.
En lo profundo del pozo, José oró.
Padre e hijo se volvieron hacia Dios en la profunda oscuridad de la noche. Una
mezcla de miedo y esperanza llenó sus corazones, y la noche dio paso a un nuevo
día. Para Jacob, el día amaneció en el comienzo de muchos años a ser llenados
con confianza en Dios y con paciencia. Para José, los rayos del amanecer
brillaban en los bordes del pozo. Si hubiera podido otear el horizonte, habría
divisado una caravana acercándose. Minutos después, un hombre bajó su cubo al
fondo del pozo esperando hallar agua clara y fresca.
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