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Esta es una historia de intriga y
engaño, de envidia, orgullo y pasión… y no se trata de una telenovela. Es una
saga de paciencia, lealtad, valentía y compasión… y no es el Show de Cristina. Es
la historia del Profeta José, la paz de Dios sea con él. El mismo José conocido
por el musical de Broadway “José el Soñador”, de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice;
y el mismo Profeta José conocido en las tradiciones cristiana y judía. Dios le
reveló esta historia al Profeta Muhammad cuando un israelita le pidió que le
dijera lo que sabía respecto a José.
Las historias en el Corán generalmente son contadas en trozos pequeños
repartidos por varios capítulos; la historia de José, sin embargo, es única.
Fue revelada en un capítulo, de principio a fin. Es la historia y las
experiencias completas del Profeta José. Aprendemos acerca de las alegrías,
problemas y aflicciones de José, nos movemos con él a través de los años de su
vida mientras se arma con la piedad y la paciencia, y al final sale victorioso.
La historia de José comienza con un sueño, y termina con la interpretación de
ese sueño.
“Ésta es la más hermosa de las historias que
te revelamos en el Corán, y antes no tenías conocimiento de ella”. (Corán 12:3)
La infancia de José
José era un muchacho joven, guapo,
alegre y muy querido por su padre. Una mañana se despertó entusiasmado respecto
a un sueño, y corrió feliz a ver a su padre explicándole lo que había visto en
su sueño. El padre de José escuchó con atención a su hijo amado, y su rostro
resplandecía de alegría mientras José relataba un sueño que hablaba del
cumplimiento de una profecía. José dijo:
“¡Oh, padre mío! Por cierto que vi [en
sueños] once astros, también al Sol y la Luna, que se prosternaban ante mí”. (Corán
12:4)
José era uno de 12 hermanos cuyo padre
era el Profeta Jacob y cuyo bisabuelo era el Profeta Abraham. Esta profecía
hablaba de mantener vivo el mensaje de Abraham de adorar al Único Dios
Verdadero. El nieto del Profeta Abraham, Jacob, interpretó que el sueño quería
decir que José sería aquel que llevaría la “Luz de la Casa de Dios”. Sin
embargo, se desvaneció la alegría que había surgido en el rostro de Jacob con
la misma rapidez con que había aparecido, y él imploró a su hijo que no le
contara su sueño a sus hermanos. Jacob dijo:
“¡Oh, hijito! No cuentes tu visión a tus
hermanos porque conspirarán contra ti [por envidia]; ciertamente Satanás es
para los humanos un enemigo evidente [y no cesará de susurrarles que tramen
algo contra ti]. Así [como te mostró esa visión en sueños] tu Señor te elegirá
[como Profeta] y te enseñará la interpretación de los sueños; y completará Su
gracia sobre ti [con la revelación] y sobre la descendencia de Jacob, tal como
la completó sobre tus ancestros Abraham e Isaac; en verdad tu Señor es
Omnisciente, Sabio”. (Corán 12:5-6)
Jacobo sabía que sus hijos (los
hermanos de José) no aceptarían la interpretación de este sueño ni el avance de
José sobre ellos mismos. Jacobo estaba lleno de miedo. Los diez hermanos
mayores siempre estuvieron celosos de su hermano menor. Ellos reconocían en su
padre un afecto particular hacia él. Jacob era un Profeta, un hombre dedicado a
la sumisión al Único Dios Verdadero, y trataba a su familia y a su comunidad
con justicia, respeto y amor equitativo. Sin embargo, su corazón se inclinaba
por las dulces cualidades evidentes en su hijo José. José también tenía un
hermano menor llamado Benjamín, quien en ese momento, era demasiado joven para
participar en cualquiera de los trucos y engaños que se estaban gestando.
Mientras que los Profetas y los
piadosos están dispuestos a divulgar el mensaje de sumisión a Dios, Satanás
está a la espera de seducir e incitar a la humanidad. Le encanta la
confabulación y el engaño, y ahora estaba sembrando las semillas de la
discordia entre Jacob y sus hijos mayores. Los celos que los hermanos sienten
hacia José ciegan sus corazones, desorientan sus pensamientos y hacen que las
cosas pequeñas parezcan insuperables, mientras que las grandes se vean
insignificantes. José atiende las advertencias de su padre y no les cuenta su
sueño a sus hermanos; pero aun así, ellos se obsesionan y son abrumados por los
celos. Sin conocer el sueño de José, idearon un plan para matarlo.
José y Benjamín eran los hijos de la
segunda esposa de Jacob. Los mayores se consideraban a sí mismos hombres. Eran
mayores, más fuertes y veían en sí mismos muchas cualidades buenas. Cegados por
la envidia, veían a José y a Benjamín demasiado jóvenes y ninguna importancia
en la vida de la familia. Ellos se negaban a entender por qué su padre los
amaba tanto. El pensamiento retorcido de los hijos mayores les hacía acusar a
su padre de estar perdido, cuando en realidad estaban lejos de la verdad.
Satanás hizo que ellos vieran sus pensamientos como justos, y su extravío se
mostró claramente cuando hablaron de matar a José para, inmediatamente después
de cometer un acto tan despreciable, mostrar arrepentimiento a Dios.
“Cuando dijeron: Por cierto que José y su
hermano [Benjamín] son más amados por nuestro padre que nosotros a pesar que
somos un grupo [de varios hijos]. Ciertamente nuestro padre está en un error
evidente. Matad a José o desterradlo para que la atención [y el amor] de
vuestro padre sea sólo para vosotros, y luego [de haberlo eliminado arrepentíos
y así] os contaréis entre los virtuosos [nuevamente]”. (Corán 12:8-9)
Uno de entre ellos sintió el error de
lo que planeaban y sugirió que en lugar de matar a José, lo debían tirar a un
pozo. Cuando fuera encontrado por algún viajero que pasara, sería vendido como
esclavo, dejándolo, por tanto, como muerto para la familia. Ellos creían, en su
ceguera, que la ausencia de José lo haría desaparecer de los pensamientos de su
padre. Los hermanos continuaron urdiendo su plan malévolo. Satán estaba jugando
con ellos, susurrando sus pensamientos en sus mentes y susurrando el extravío
en sus oídos. Los hermanos terminaron su discusión satisfechos consigo mismos y
creyeron que habían diseñado un plan inteligente. Se acercaron a Jacob con un
plan para llevarse a José con ellos al desierto, con el pretexto de jugar con
él para que se divirtiera. El miedo saltó al corazón de Jacob.
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