Primeras Conversiones
Los primeros años de su Misión, el Profeta divulgó
el mensaje a su familia y a sus amigos íntimos. La primera mujer en convertirse
fue su esposa Jadiya, el primer niño fue su sobrino Ali, a quien él cuidaba, y
el primer joven fue su sirviente Said, un antiguo esclavo. Su viejo amigo Abu
Bakr fue el primer hombre adulto en convertirse. Muchos años después el Profeta
le dijo: ‘Nunca he llamado a nadie al Islam quien no haya dudado al principio con
la excepción de Abu Bakr.’
Luego, se le ordenó que divulgara abiertamente
y que condenara la idolatría. Al principio, los ancianos de Quraish ignoraban a
este extraño pequeño grupo, tratando a Muhammad como un caso de auto decepción,
pero luego comenzaron a percatarse de que sus oraciones, a las cuales se
adherían los pobres y los desposeídos (que podían ser vistos entonces como
subversivos), representaban una amenaza a su religión y a sus intereses. Su
poder dependía de su unidad, y con el ejemplo de Yazrib, partido en dos por el
conflicto tribal, como una nefasta advertencia de lo que podría suceder en su
propia ciudad, estaban obligados a esperar su propio tiempo. Además, el clan
Hashim, lo que sea que pensara de su miembro, por costumbre lo defendía si era
atacado. Se confinaron a si mismos por el momento a la burla, tal vez el arma
mas efectiva en la defensa del hombre común contra la verdad, ya que no recurrían
al grado de compromiso inherente de violencia. Su antiguo guardián Abu Talib le
pidió que abandonara la divulgación de su mensaje para no arriesgar su
seguridad y la del clan. ‘Oh tío mío’, le respondió: ‘incluso si colocaran en
mi palma derecha el sol y la luna en mi izquierda, no abandonaría mi propósito
hasta que Dios me garantice el éxito o hasta que muera en el intento’. La
respuesta de Abu Talib fue una mirada: ‘Sobrino mío, no te abandonaré.’
La tensión se incrementaba gradualmente en
la ciudad, mes a mes, al expandirse la influencia espiritual de Muhammad, quitando
la hegemonía de los mayores de Quraish y dividiendo a sus familias. Esta
influencia se transformó en algo incluso mas peligroso para el orden establecido
cuando el contenido de las sucesivas revelaciones se fue ampliado para incluir
la denuncia de la celosía de la plutocracia de los mecanos, codiciaban ‘mas y
mas’ y su avaricia. La oposición ahora la llevaba un tal Abu Yahl, junto a Abu
Lahab y el más tarde cuñado, un hombre más joven que era más sutil y más
talentoso que cualquiera de ellos, Abu Sufian. Regresando un día de caza, el tío
de Muhammad, Hamza, quien hasta ese entonces se mantenía neutral, estaba tan
enojado por los insultos hacia su sobrino que buscó a Abu Yahl, le pegó en la
cabeza y anunció su conversión al Islam.
Comienzo de la Persecución
Al fines del tercer año, el profeta recibió
la orden de “Levántate y advierte”, con lo cual comenzó a divulgar su mensaje
en público, apuntando a la despreciable locura de idolatrar frente a las
maravillosas leyes del día y la noche, de la vida y la muerte, del crecimiento
y la decadencia de los seres, que manifiestan el poder de Dios y atestiguan Su
Unicidad. Fue en ese entonces, cuando comenzó a hablar en contra de sus dioses,
que Quraish fue activamente hostil, persiguiendo a sus discípulos pobres con burlas
e insultos. La única consideración que lo previno de matarlos fue el miedo de
la venganza de sangre del clan al cual pertenecía la familia. Fuerte en su
inspiración, el profeta siguió advirtiendo y albriciando, mientras que Quraish hacia
todo lo posible para ridiculizar sus enseñanzas y a sus seguidores.
Huir a Abisinia
Las conversiones de los primeros cuatro
años eran en su mayoría personas humildes incapaces de defenderse frente a la opresión.
Tan cruel fue la persecución que soportaron que el Profeta les aconsejó a todos
los que pudiesen que emigraran, al menos temporalmente, a Abisinia (Etiopia en
la actualidad), donde serían bien recibidos por el cristiano, ‘un Rey justo.’ Cerca
de ochenta convertidos huyeron en el año 614 DC al país cristiano.
Esta aparente alianza con el poder
extranjero enfureció más a los mecanos, y enviaron enviados al Negus demandando
la extradición de los musulmanes. Un gran debate se mantuvo en la Corte y los musulmanes ganaron el primer día, primero al demostrar que adoraban al mismo Dios
que los cristianos, y luego recitando uno de los pasajes coránicos que hablaban
de la Virgen María, ante los cuales el Negus lloró y dijo: ‘Verdaderamente esto
viene de la misma fuente que descendió sobre Jesús’.
Incluso a pesar de la persecución y la
emigración, la pequeña comunidad de musulmanes creció en cantidad. Quraish estaba
seriamente alarmado. La adoración de ídolos en la Kaaba, el lugar sagrado donde
peregrinaban todos los árabes, anclaban allí como guardianes, como primeros por
sus intereses personales. En la temporada de la peregrinación, enviaban hombres
en todas las carreteras para advertir a las tribus en contra de los hombres
locos que predicaban entre ellos. Trataron de llevar al Profeta a un
compromiso, ofreciéndole aceptar su religión si la modificaba para hacerles
lugar a sus dioses como intermediarios con Dios. A cambio, ofrecían hacerlo rey
si dejaba de atacar a la idolatría. El rechazo constante del profeta Muhammad frustró
sus esfuerzos de negociación.
La Conversión de Umar
Más importante aun fue la conversión de
uno de los hombres más formidables de la ciudad, Umar ibn al-Jattab. Enfurecido
por el creciente éxito de la nueva religión, contrario a todo lo que el creía, juró
matar a Muhammad, que la paz y la bendición de Dios lo acompañe, sin importar
las consecuencias. Le dijeron que antes de hacerlo, observara a su familia, ya
que su hermana y su cuñado se habían convertido en musulmanes. Al dirigirse a
su hogar los encontró leyendo un capítulo Coránico llamado ‘Ta-Ha’, y cuando supo
que su hermana de hecho había abrazado el Islam, la golpeo. Al sentirse avergonzado
de sí mismo, pidió ver lo que estaba leyendo. Ella le dio el texto después de
pedirle que realizara la ablución antes de tocarlo, y al leer los versos del Corán,
realizó una repentina y total transformación. ¡La dulce potencia de las
palabras del Corán lo cambiaron para siempre! Fue directo a Muhammad y aceptó el
Islam.
Hombres como este eran muy importantes en
la sociedad jerárquica como para ser atacados, pero la mayoría de los
musulmanes era o pobre o esclavos. Los pobres eran derrotados y los esclavos
torturados para hacerlos renunciar de su fe, y era muy poco lo que Muhammad podía
hacer para protegerlos.
Un esclavo negro llamado Bilal colgado
boca abajo desnudo bajo el sol con piedras pesadas en su pecho y dejado morir
de sed. Fue provocado por los paganos para renunciar de su religión a cambio de
la remisión de la tortura, pero su respuesta fue ‘Ahad! Ahad!’ (‘¡Dios
es Uno! ¡Dios es Uno!’). Fue en este estado, en el borde de la muerte, que Abu
Bakr lo encontró y pagó una fianza exorbitante.
Fue cuidado en el hogar de Muhammad y se
convirtió en uno de los amigos mas queridos de los musulmanes. Cuando, mucho
mas tarde, surgió el cuestionamiento de cómo los creyentes deberían ser
llamados a rezar, Bilal se convirtió en el primer mu’ezzin (la llamada a
la oración anunciada en voz alta desde el lugar de adoración de los musulmanes,
llamado masyid) del Islam: un hombre alto, flaco y negro con una ponderosa voz,
y se dice, cara de cuervo con el cabello gris; un hombre para el cual el sol
se había quemado, durante su tormenta, todo menos el amor del Único y el
Mensajero del Uno.
Destrucción de la Sahifah
Frustrado, la oligarquía
mecana, bajo el liderazgo de Abu Yahl, realizaron ahora un documento formal
declarando la prohibición o boicot en contra del clan Hashim en su totalidad;
no podía haber tratos comerciales con ellos hasta que declararan ilegal a
Muhammad, y nadie podía casarse con una mujer de Hashim o entregar a su hija a
un hombre del clan. Entonces, por tres años, el profeta fue obligado junto a sus
compañeros a vivir en las afueras de la Meca.
Con el paso del tiempo, las personas bondadosas de Quraish
comenzaron a preocuparse por sus viejos amigos y vecinos. Logrando que el
documento, que había sido colocado en la Kaaba, fuese reconsiderado. Cuando fueron
a buscarlas encontraron que todas las escrituras habían sido destruidas por
hormigas blancas, excepto por las palabras Bismika Allahumma (“En tu
nombre, Oh Dios”). Cuando los mayores vieron esa maravilla, se removió la
prohibición, y el profeta fue libre nuevamente para volver a la ciudad. Mientras
tanto, la oposición a su llamada era cada vez más rígida. Tenía poco éxito
entre los mecanos, y un intento de divulgar el Islam en la ciudad de Taif fue
un fracaso. Su misión no era lo que él esperaba, cuando, en la época de la
peregrinación anual, reunió un pequeño grupo que lo escucho armoniosamente.
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