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Humildad

  
Descripción: El papel de la humildad en el Islam.
Por Aisha Stacey (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 18 Jul 2011 - Última modificación 18 Jul 2011
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Categoría: Artículos > Actos de adoración y ritos > Ética Islámica

Dios creó a los seres humanos para que Lo alaben, y un musulmán practicante debe ser, en esencia, capaz de adorar a Dios a cada segundo, en cada hora de cada día. El Islam es una forma de vida y no significa nada más ni nada menos que la sumisión al Dios Único.

“Por cierto que He creado a los genios y a los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)

El concepto de Dios en el Islam Lo describe como el más Misericordioso y el más Amoroso, y todo lo que Él prescribe a la humanidad está hecho en el mejor interés de la misma. La sumisión a la voluntad de Dios es un camino a la pureza, la paz y, en última instancia, al Paraíso.

La palabra que el Corán utiliza con más frecuencia para describir la adoración es Ibadah. Ibadah es la raíz de la palabra ‘ubudiiah, que significa expresar humildad o modestia, y como muchas otras palabras del árabe, esta tiene muchos matices de significados. Ibadah implica más que una toma de conciencia de la humildad. Es el sentido completo de la humildad que conquista a quien está sometido a la voluntad de Dios, el Todopoderoso. La adoración es someterse a Dios, y la parte esencial de la sumisión es la humildad.

 “Pero glorifica con alabanzas a tu Señor y cuéntate entre quienes se prosternan”. (Corán 15:98)

La humildad puede guiarnos al Paraíso, así como su opuesto, la arrogancia, kibr en árabe, sólo puede llevarnos al Infierno. Fue la arrogancia de Satanás la que ocasionó su expulsión del Paraíso; cuando se negó a obedecer humildemente la orden de Dios de postrarse ante Adán, el padre de la humanidad, se condenó a sí mismo y a sus seguidores al Infierno. Satanás carece de sumisión o de humildad, lo cual dio como resultado que una de las criaturas de Dios más piadosas cayera en el abismo[1].

Todos los Ángeles hicieron la reverencia, no así Iblís, quien se negó a hacerla. Dijo [Allah]: ¡Oh, Iblís! ¿Por qué no te cuentas entre quienes hicieron la reverencia? Dijo: No he de hacerla ante un ser humano al que has creado de arcilla, de barro maleable...”. (Corán 15:30-35)

Nadie que se comporte de manera arrogante o actúe como si tuviera poder sobre los demás, es capaz de someterse realmente. Todo poder y toda fuerza provienen de Dios el Único. Todos los seres humanos somos iguales ante los ojos de Dios, y las distinciones entre naciones, tribus y familias son sólo para que nos conozcamos unos a otros y no para causar orgullo.

 “¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre [Adán] y una mujer [Eva], y [de su descendencia] os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso. Ciertamente Allah es Omnisciente y está bien informado de lo que hacéis”. (Corán 49:13)

La humildad es piedad

El pilar principal de la adoración, Ibadah, es la oración. La oración en congregación se realiza en filas donde todos los hombres se presentan como iguales ante Dios[2]. No hay lugar especial para el rico o el pobre, los humildes y pobres no son relegados a las últimas filas. Cada hombre inclina su cabeza con humildad, sabiendo que sus hermanos a sus lados son igualmente importantes ante los ojos de Dios. Sólo una cosa eleva a un hombre o una mujer por encima de los demás: la piedad. La piedad o virtud verdadera no se puede lograr sin cultivar un sentido de humildad.

“No vuelvas tu rostro a la gente [con desprecio] y no andes por la Tierra con arrogancia. Ciertamente Allah no ama a quien es presumido y engreído”. (Corán 31:18)

La humildad viene de conocer acerca de Dios y reconocer Su grandeza, venerarlo, amarlo y temerle, y viene también de conocerse a sí mismo y sus propias faltas y debilidades. Dios da esta característica a aquellos que luchan por acercarse a Él a través de obras de piedad y rectitud[3]. Un compañero cercano al Profeta Muhammad lo escuchó decir:

“La riqueza no disminuye a causa de la caridad, y Dios incrementa a Su siervo en honor cuando él perdona a los demás. Y nadie se humilla ante Dios sin que Dios lo eleve (en estatus)”. (Sahih Muslim)

La humildad es una de las mayores bendiciones que Dios puede otorgar a un ser humano. Ella le permite a uno lograr la verdadera sumisión. El Profeta Muhammad estaba realmente sometido a Dios, su carácter fue uno de completa humildad y estaba basado en la confianza sincera en Dios. Él fue un modelo de bondad y de humildad. De hecho, las características mostradas por el Profeta fueron diametralmente opuestas al orgullo y la arrogancia. Cada aspecto de su vida reflejó humildad, incluso al caminar, hablar, sentarse o comer.

El Profeta no se comportaba con los demás como si fuera mejor que ellos ni tampoco desdeñaba el trabajo manual. Uno de sus compañeros reportó que el Profeta Muhammad era feliz trabajando con sirvientes u obreros. Otro compañero relató que el Profeta arreglaba su casa, ataba sus camellos, alimentaba animales, comía con sus siervos y los ayudaba a amasar y a traer las provisiones del mercado. También, está reportado que solía visitar a los enfermos, asistir a los funerales, montar en burro, disminuir la marcha por el bien de los débiles y aceptar las invitaciones de los pobres.

Los compañeros del Profeta Muhammad y las primeras generaciones de musulmanes entendían el concepto de humildad. Se comportaban con humildad hacia Dios y hacia la humanidad debido a su amor por Dios y al prójimo, y a que temían el castigo en el Más Allá.

Durante su Califato, Omar ibn Al-Jattab marchó hacia Damasco con su ejército. Abu Ubaida estaba con él. Llegaron a un lago pequeño. Omar bajó de su camello, se quitó los zapatos, los ató y se los colgó al hombro. Luego tomó el cabestro de su camello y entraron juntos al agua. Viendo esto frente al ejército, Abu Ubaida dijo: “¡Oh, Comandante de los Creyentes! ¿Cómo puedes ser tan humilde frente a tus hombres?” Omar respondió: “¡Ay de ti, Abu Ubaida! Me extraña lo que dices. Pensamientos como ese serán la causa de la caída de los musulmanes. ¿No ves que éramos un pueblo sin dignidad? Dios nos ha elevado a una posición de honor y grandeza a través del Islam. Si olvidamos lo que somos y deseamos algo distinto al Islam que nos ha elevado, Aquel que nos levantó seguramente nos degradará”.

Aquel que es humilde en verdad es quien es realmente bendecido. Cada vez que se siente superior a los demás, recuerda a Dios, el Más Grande y Omnipotente, y se humilla en verdadera sumisión.

“Y los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan sobre la Tierra con serenidad y humildad, y cuando son increpados por los ignorantes les responden educadamente”. (Corán 25:63)



Footnotes:

[1] Satanás fue un ser de entre los Yinn. Su nivel de piedad era tan alto que se le eligió para adorar junto con los ángeles.

[2] En la oración comunitaria, hombres y mujeres están separados. Las mujeres frecuentemente tienen su propia área separada.

[3] Ibnul Qaiem.

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