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La entrega Divina es proporcional a la
necesidad humana. Dios facilita la adquisición a medida que la necesidad de
los humanos se incrementa. El aire, el agua y la luz del sol son necesarios
para la supervivencia del ser humano, y de este modo Dios les ha garantizado a
todos su adquisición sin esfuerzo alguno. La mayor necesidad humana es la de
conocer al Creador, y por ello, Dios ha facilitado su conocimiento. La
evidencia de Dios, sin embargo, difiere en su naturaleza. A su manera, todo en la
creación es evidencia de su Creador. Algunas evidencias son tan obvias que
cualquier persona puede inmediatamente “ver” al Creador, por ejemplo, el ciclo
de la Vida y la muerte. Otros “ven” el trabajo del Creador en la elegancia de
los teoremas matemáticos, las constantes universales de la física, y el
desarrollo del embrión:
“En la creación de los cielos y la
Tierra y en la sucesión de la noche y el día hay signos para los dotados de
intelecto.” (Corán 3:190)
Como la existencia de Dios, los
seres humanos, necesitan evidencias para establecer la verdad sobre los
profetas. Muhammad, como los profetas anteriores a él, dijo ser un profeta de
Dios para la humanidad. Naturalmente, la evidencia de su veracidad es diversa y
numerosa. Algunas son obvias, mientras que otras son aparentes solo después de
una observación profunda.
Dios dice en el Corán:
“¿Acaso no es suficiente tu Señor
como Testigo de todo?” (Corán 41:53)
Ser testigo de la Divinidad por si sola es suficiente sin otra evidencia. El testimonio de Dios sobre Muhammad
yace en:
(a) Revelaciones
pasadas de Dios a profetas anteriores que predijeron la aparición de Muhammad.
(b) Actos de Dios:
los Milagros y ‘signos’ que Él envió para apoyar la afirmación de Muhammad.
¿Cómo comenzó todo en los
primeros días del Islam? ¿Cómo se convencieron los primeros creyentes de que Él
era el Profeta de Dios?
La primera persona que creyó en
la profecía de Muhammad fue su propia esposa, Jadiyah. Cuando este regresó a
su hogar temblando de miedo, después de haber recibido la primera revelación
divina, ella fue su consuelo:
“¡Nunca! Por Dios, Dios
nunca te deshonrará. Mantienes buenas relaciones con tus familiares, ayudas a
los pobres, sirves a tus invitados generosamente, y asistes a aquellos que han
sido víctimas de calamidades." (Sahih Al-Bujari)
Ella vio en su esposo a un
hombre que Dios no humillaría, por sus virtudes y honestidad, justicia, y por
ayudar a los pobres.
Su amigo más cercano, Abu Bakr,
quien lo conocía de toda la vida y tenía casi su misma edad, le creyó tan
pronto escuchó sus palabras: 'Soy un Mensajero de Dios' sin ninguna otra
confirmación mas que el libro abierto de la vida de su mejor amigo.
Otra persona que aceptó su
aclamación al escucharla, fue ‘Amr’.
Él dijo:
“Solía pensar antes del
Islam que las personas estaban equivocadas y que no estaban en ningún camino
correcto. Adoraban ídolos. Entonces escuché que un hombre predicaba en la Meca; por lo tanto fui a verlo... Y le pregunté: '¿Quién eres tú?' El dijo: ‘Dios me ha
enviado’. Yo dije: ‘¿Con qué te ha enviado?’ El dijo: ‘He sido enviado a unir
lazos de parentesco, romper los ídolos, y proclamar la unicidad de Dios para
que nada sea asociado a Él (en la adoración)’. Yo dije: ‘¿Quién te acompaña en
esto?’ Él dijo: ‘Un hombre libre y un esclavo (refiriéndose a Abu Bakr y Bilal)’.
Yo dije: ‘Pienso acompañarte’”. (Sahih Muslim)
Dimad era un médico del
desierto que se especializaba en enfermedades mentales. En su visita a la Meca escuchó a los Mecanos decir que Muhammad era un enfermo mental, y consciente de sus
habilidades, dijo: ‘Si yo me cruzase con este hombre, Dios lo curaría frente a mi’.
Dimad conoció al Profeta y dijo: ‘Muhammad, yo puedo proteger al que sufre de
enfermedades mentales o quien está bajo un embrujo, y Dios cura a quien Él desea
frente a mi. ¿Deseas ser curado?’ El Profeta de Dios respondió, con las
palabras que comenzaba los sermones:
“Por cierto que la
alabanza y gratitud pertenece a Dios. Lo adoramos y pedimos Su ayuda. El que es
guiado por Dios, nadie podrá desviarlo, y el que se pierde a sí mismo nadie
podrá guiarlo. Atestiguo que nadie merece ser adorado salvo Dios, Él es el
único, no tiene compañeros, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero".
Dimad, quedó paralizado por la
belleza de sus palabras, le pidió que las repitiera, y dijo: ‘He escuchado
palabras de adivinos, hechiceros y poetas, pero nunca he escuchado palabras
como estas, penetran las profundidades de los océanos. Dame tu mano para poder
comprometer mi alianza hacia ti en el Islam’.
Después de que el ángel Gabriel
le llevó su primera revelación al Profeta Muhammad, Jadiyah, su esposa, lo
llevó a visitar a un primo suyo que era anciano, Waraqa bin Nawfal, un erudito
bíblico, para discutir el acontecimiento. Waraqa reconoció a Muhammad en las
profecías de la Biblia y confirmó:
“Este es el Conservador de
los Secretos (el Ángel Gabriel) quién fue enviado ya antes a Moisés”. (Sahih
Al-Bujari)
El rostro puede ser una ventana
al alma. Abdullah bin Salam, el gran Rabino de Medina en ese momento, miró el
rostro del Profeta cuando éste llegó a Medina, y exclamó:
“¡En el momento en que vi su
rostro, supe que no era el rostro de un mentiroso!” (Sahih Al-Bujari)
Muchos de los que rodeaban al
Profeta, que no aceptaron el Islam, no dudaron de su veracidad, pero se rehusaron
a creer en su profecía por otras razones. Su tío, Abu Talib, lo ayudó a lo
largo de su vida, reconoció la veracidad de Muhammad, pero se rehusó a abandonar
la religión de sus ancestros por miedo a la vergüenza y a perder el estatus
social.
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