La higuera que se secó (Marcos 11:12-25,
Mateo 21:12-22)
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Marcos 11:12-25
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Mateo 21:12-22
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Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre. 13 Viendo
a lo lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si hallaba algún fruto. Cuando
llegó a ella sólo encontró hojas, porque no era tiempo de higos. 14
"¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!", le dijo a la higuera. Y
lo oyeron sus discípulos.
15
Llegaron, pues, a Jerusalén. Jesús entró en el templo y comenzó a echar de
allí a los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero
y los puestos de los que vendían palomas, 16 y no permitía que
nadie atravesara el templo llevando mercancías. 17 También les
enseñaba con estas palabras: —¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de
oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han convertido en cueva de
ladrones.
18
Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo oyeron y comenzaron a
buscar la manera de matarlo, pues le temían, ya que toda la gente se
maravillaba de sus enseñanzas.
19
Cuando cayó la tarde, salieron de la ciudad.
20
Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de
raíz. 21 Pedro, acordándose, le dijo a Jesús: —¡Rabí, mira,
se ha secado la higuera que maldijiste!
22
—Tengan fe en Dios —respondió Jesús. 23 Les aseguro que si alguno
le dice a este monte: 'Quítate de ahí y tírate al mar', creyendo, sin abrigar
la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. 24 Por eso
les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y
lo obtendrán. 25 Y cuando estén orando, si tienen algo contra
alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les
perdone a ustedes sus pecados.
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12
Jesús entró en el templo* y echó de allí a todos los que compraban y vendían.
Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían
palomas. 13 —Escrito está —les dijo—: “Mi casa será llamada casa
de oración”, pero ustedes la están convirtiendo en cueva de ladrones.
14 Se le acercaron, en el
templo, ciegos y cojos, y los sanó. 15 Pero cuando los jefes de
los sacerdotes y los *maestros de la ley vieron que hacía cosas maravillosas,
y que los niños gritaban en el templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se
indignaron.
16 —¿Oyes lo que ésos están diciendo? —protestaron. —Claro que sí
—respondió Jesús—; ¿no han leído nunca: “En los labios de los pequeños y de
los niños de pecho has puesto la perfecta alabanza”?
17
Entonces los dejó y, saliendo de la ciudad, se fue a pasar la noche en
Betania.
18
Muy de mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre. 19 Al ver
una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró nada más que
hojas. —¡Nunca más vuelvas a dar fruto! —le dijo. Y al instante se secó la
higuera.
20
Los discípulos se asombraron al ver esto. —¿Cómo es que se secó la higuera
tan pronto? —preguntaron ellos. 21 —Les aseguro que si tienen fe y
no dudan —les respondió Jesús—, no sólo harán lo que he hecho con la higuera,
sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y
así se hará. 22 Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en
oración.
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En la versión de Marcos, viendo Jesús a
la distancia un árbol de higos, fue a buscar fruta. Ya que no estaba en la
estación correcta, no encontró comida en el árbol. Jesús, después de cometer
este comprensible error humano, maldijo al buen árbol. En cuanto a Mateo, él
elimina la información de que no estaban en la estación correcta, ya que esto
implicaría que Jesús destruyó un árbol sin razón justificable. Mateo deja que
el lector piense que el árbol era estéril y que por eso merecía ser destruido.
Por otra parte, en Marcos los
discípulos notan que el árbol se ha secado sólo al día siguiente. Sin embargo,
en Mateo el árbol se seca inmediatamente demostrando el poder de Jesús y el
asombro de los discípulos. Más aún, Marcos hace otros
cambios significativos al pasaje, como por ejemplo, donde Marcos menciona “casa
de oración para todas las naciones”, Mateo omite “todas las naciones” para
satisfacer a sus lectores judíos.
Mujeres enfermas (Marcos 5:24-34, Mateo
9:20-22)
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Marcos 5:24-34
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Mateo 9:20-22
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Jesús se fue con él, y lo seguía una
gran multitud, la cual lo apretujaba. 25 Había entre la gente una
mujer que hacía doce años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido
mucho a manos de varios médicos, y se había gastado todo lo que tenía sin que
le hubiera servido de nada, pues en vez de mejorar, iba de mal en peor. 27
Cuando oyó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y le tocó
el manto. 28 Pensaba: «Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré
sana». 29 Al instante cesó su hemorragia, y se dio cuenta de que
su cuerpo había quedado libre de esa aflicción.
30
Al momento también Jesús se dio cuenta de que de él había salido poder, así
que se volvió hacia la gente y preguntó: —¿Quién me ha tocado la ropa?
31
—Ves que te apretuja la gente —le contestaron sus discípulos—, y aun así
preguntas: "¿Quién me ha tocado?"
32
Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho. 33
La mujer, sabiendo lo que le había sucedido, se acercó temblando de miedo y,
arrojándose a sus pies, le confesó toda la verdad. 34 —¡Hija, tu
fe te ha sanado! —le dijo Jesús—. Vete en paz y queda sana de tu aflicción.
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20
En esto, una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias se le acercó
por detrás y le tocó el borde del manto. 21 Pensaba: "Si al
menos logro tocar su manto, quedaré sana".
22
Jesús se dio vuelta, la vio y le dijo: —¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado. Y
la mujer quedó sana en aquel momento.
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En Marcos, la mujer toca el manto de
Jesús y es curada. Jesús siente que sale poder de él y se da cuenta que alguien
lo ha tocado, pero no sabe a dónde fue ese poder ni quién lo tocó. Mientras que
la mujer ya está curada, en Marcos, Jesús aún está tratando de averiguar lo que
ha ocurrido.
En Mateo, Jesús es mucho más poderoso.
Él supo de inmediato quién lo tocó y la mujer sólo se curó después de que Jesús
le habló, como si el poder curativo esperara la orden de Jesús.
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