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Muchos eruditos y estudiantes de la
Biblia han observado similitudes entre los evangelios, en los episodios que
narran y en los dichos que reportan de Jesús. Estos eruditos y estudiantes
también han observado cómo estos mismos pasajes son muy distintos unos de otros
en varios detalles.
Durante los últimos 300 años, el mundo
de los eruditos bíblicos se ha esforzado de manera colectiva en resolver el
enigma de por qué los evangelios son tan similares y al mismo tiempo tan
distintos. El resultado de esta investigación académica derivó en el
descubrimiento de que Mateo y Lucas dependieron de Marcos y de otra fuente
adicional, llamad “Q”, como base para sus propios evangelios.
La hipótesis de las dos fuentes es
generalmente aceptada como la solución fundamental al problema sinóptico. Se
mantiene como la posición mayoritaria dentro de los eruditos contemporáneos del
Nuevo Testamento.
El difunto erudito evangélico
protestante F. F. Bruce escribió:
“La conclusión general, y creo que
la correctamente extraída del estudio comparativo de los evangelios, es que el
Evangelio de Marcos o alguno muy similar, sirvió de fuente a los evangelios de
Mateo y Lucas…”.
El evangelio de Marcos ha sido fechado
entre 65 y 70 d.C. Hay consenso general respecto a esta datación, aceptada
tanto por conservadores como por escépticos, y se la encuentra en muchas
introducciones al Nuevo Testamento.
F. F. Bruce corroboró esta datación
escribiendo:
“Marcos probablemente escribió su
evangelio, en primera instancia, para los Cristianos de Roma, a raíz de la
persecución que les sorprendió sin previo aviso bajo Nerón, como secuela del
gran incendio de julio de 64 d.C.”.
Al estudiar estos evangelios, se hace
bastante evidente que Marcos es más primitivo en estilo, teología y dicción.
Más importante, en el evangelio de Marcos el Jesús humano se destaca de manera
más visible que en los evangelios posteriores. Los eruditos sostienen que la
representación de Jesús en Marcos presenta un Jesús más histórico y real.
En el evangelio de Marcos hay una gran
cantidad de pasajes que describen a Jesús como un mero ser humano. Tales
pasajes más tarde se convertirían en un obstáculo en el camino de los creyentes
débiles, tradiciones que “iban contra la tendencia” y que, por tanto, fueron
omitidas en los evangelios posteriores.
Cuando uno escudriña las mismas
narraciones de Jesús reportadas en Marcos y Mateo, rápidamente se da cuenta de que
este último alteró el evangelio de Marcos para aumentar el sentimiento de
reverencia hacia la persona de Cristo. Pasajes que demuestran la incapacidad,
debilidad y humanidad de Jesús fueron omitidos por Mateo y reemplazados con una
mejor Cristología.
Por supuesto, no todos los cambios
fueron de carácter cristológico. Errores de hecho, gramaticales y otros,
también fueron omitidos por Mateo y Lucas. La redacción de Marcos hecha por
Mateo parece al principio involucrar detalles incidentales, pero un estudio más
profundo revela que es parte de una reconstrucción coherente y completa de
Marcos.
Con el paso del tiempo hubo un cambio
claro en la Cristología desde los primeros evangelios hasta los últimos. El
desarrollo fue de menor a mayor. Hubo un aumento de sentimientos de reverencia
y un incremento en la posición y el estatus de Jesús.
Bruce Metzger, el más importante
crítico textual del Nuevo Testamento, escribe:
“Mateo y Marcos suprimen o
debilitan las referencias en Marcos respecto a las emociones humanas de Jesús,
como el dolor, la ira y el asombro, así como el amor no correspondido de Jesús.
También omiten la declaración de Marcos de que los amigos de Jesús pensaban que
él estaba fuera de sí”.
Más adelante, explica que:
“Los evangelios tardíos omiten lo
que podría implicar que Jesús era incapaz de lograr lo que quería… y también
omiten preguntas formuladas por Jesús que podrían interpretarse como reflejo de
su ignorancia”.
Metzger continúa enumerando casos en
los que Mateo y Lucas suavizan las declaraciones de Marcos que podrían
minimizar la majestad de Jesús y las reemplazan con ilustraciones de un Jesús
más atractivo y autorizado.
En la historia de la higuera que se
encuentra en Marcos, los discípulos no se dieron cuenta del debilitamiento del
árbol hasta la mañana siguiente. Para Mateo, esto parecía menos dramático y
significativo, y por ello en su narrativa el árbol se secó al instante, dejando
a los discípulos en estado de conmoción y asombro.
Mateo y Lucas fueron inflexibles en el
cambio de las palabras de Jesús. Ellos querían hacer decir a Jesús lo que la
gente quería creer, “reflejando un estado de la comprensión teológica posterior
al de Marco”. (Metzger, pág. 83).
Parece bastante claro que durante las
dos etapas antes y después del evangelio en las tradiciones de transmisión del
mismo, el material disponible fue moldeado, filtrado y cambiado en correlación
directa con las convicciones cristológicas de aquellos que manejaban las
tradiciones.
Es importante destacar que este no es
un caso en el que los evangelistas simplemente difieran en el énfasis. Más bien
se trata de que hay numerosas ocasiones en las que los escritores de los
evangelios tardíos modificaron y alteraron las versiones anteriores.
Por lo tanto, si queremos acercarnos al
Jesús histórico en los evangelios, un buen punto de partida es comparar los
relatos en los diferentes evangelios para determinar dónde ha sido alterada la
historia.
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