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Existen muchos otros milagros que el
Profeta realizó y que se mencionan en la Sunnah (el conjunto de dichos, hechos,
aprobaciones y reprobaciones del Profeta).
El tronco del árbol
En Medina, el Profeta Muhámmad solía dar sermones
apoyado en el tronco de un árbol. Cuando el número de musulmanes aumentó,
alguien pensó en la necesidad de construir un púlpito para que el Profeta lo usara al dar sus sermones. Cuando el púlpito fue construido, el Profeta abandonó el tronco del
árbol. Abdullah Ibn Umar, uno de sus compañeros, narró que entonces ocurrió un
hecho extraordinario. El tronco, donde el Profeta solía apoyarse, comenzó a
llorar. Entonces el Profeta tuvo misericordia de él y lo confortó con su mano.
El evento confirmado por varios testigos oculares y fue
trasmitido a través de los siglos mediante una cadena ininterrumpida de eruditos
fiables (hadiz mutawátir).
El fluir del agua
En más de una ocasión cuando las personas estaban en
necesidad urgente de agua, la bendición de Muhámmad los salvó. En el sexto año
después de que el Profeta emigró de La Meca a Medina, se dirigió a La Meca para realizar la peregrinación. En la larga jornada a través del desierto, las personas se
habían terminado toda el agua que traían consigo, sólo el Profeta había dejado un
recipiente con el que realizaba la ablución para las oraciones. Entonces, él puso
su mano en el recipiente y el agua empezó a fluir de entre sus dedos. Yabir ibn
Abdullah, quien presenció este milagro junto a unos mil quinientos hombres más,
dijo: “Bebimos de esta agua e hicimos la ablución”.
Este milagro ha sido transmitido a través de una cadena ininterrumpida
de eruditos fiables (hadiz mutawátir).
El fluir del agua de entre los dedos del Profeta Muhámmad,
es similar al milagro de Moisés cuando de una piedra fluyó agua para que
tomaran sus seguidores.
Bendecir la comida
En más de una ocasión, el Profeta bendijo la comida
orando o tocándola para que todos los presentes pudieran comer hasta saciarse. Esto sucedió en épocas cuando la escasez de comida y agua afligía a los
musulmanes. Estos milagros tuvieron lugar en presencia de un gran número de personas
y, por lo tanto, son imposibles de negar.
Sanar al enfermo
Abdullah Ibn Atik se rompió una pierna y Muhámmad lo
sanó sólo pasando su mano sobre ella. Abdullah dijo que sintió como si jamás le
hubiera pasado nada. La persona que dio testimonio de este milagro era otro
compañero, Bara Ibn Azib (Registrado en Sahih Al-Bujari)
Durante la expedición a Jaibar, Muhámmad sanó los ojos adoloridos
de Ali Ibn Abi Talib delante de todo el ejército. Ali, muchos años después, se convirtió
en el cuarto califa de los musulmanes.
Exorcismos
Muhámmad exorcizó el demonio de un muchacho que había
sido traído por su madre para ser sanado por él, diciendo: '¡Sal fuera! ¡Yo soy
Muhámmad, el Mensajero de Dios! La mujer dijo: “Juro por Quien te envió con la
verdad, que no hemos vuelto a ver algo malo en él desde entonces”.
Las súplicas respondidas
(1) La madre de Abu Huraira, uno de
los compañeros más cercanos a Muhámmad, solía hablar mal del Islam y de su Profeta.
Un día, Abu Huraira acudió llorando a Muhámmad y le pidió que orara para que su
madre fuera guiada. Muhámmad oró, y cuando Abu Huraira regresó a su
casa encontró a su madre lista para aceptar el Islam. Ella dio el testimonio
de fe delante de su hijo, y entró así en el Islam.
(2) Yarir Ibn Abdullah fue
comisionado por el Profeta para viajar a un lugar donde se adoraba un ídolo en
lugar de Dios y destruirlo, pero éste se quejó de no poder montar bien a caballo.
El Profeta oró por él, rogando: 'Oh Dios, hazlo un jinete fuerte, uno
que es guiado y que guía a los demás'. Yarir dijo que nunca volvió a caerse de
su caballo después de esa oración del Profeta.
(3) Las personas sufrían hambre en
la época de Muhámmad. Un hombre se puso de pie cuando Muhámmad estaba ofreciendo
el sermón semanal del viernes, y dijo: 'Mensajero de Dios, nuestra riqueza se
ha destruido por la sequía y nuestros niños están hambrientos. Pide a Dios por nosotros'.
Muhámmad levantó sus manos e hizo una plegaria.
Aquéllos que
estaban presentes testificaron que en el momento en que él bajó sus manos, las
nubes empezaron a formarse tan grandes como las montañas.
¡Cuando él bajo
de su púlpito, la lluvia estaba goteando de su barba!
¡Llovió
durante una semana entera hasta el siguiente viernes!
El mismo
hombre se puso de pie nuevamente, y esta vez se quejó así: 'Mensajero de Dios,
nuestros casas se derrumban, y nuestras propiedades se inundan, pide a Dios por
nosotros’.
Muhámmad
levantó sus manos y elevó una plegaria: 'Oh Dios, (haz que caiga la lluvia)
alrededor nuestro, pero no sobre nosotros'.
¡Aquéllos que
estaban presentes testificaron que las nubes se retiraron en la dirección hacia
la que él apuntó, la ciudad de Medina fue rodeada por las nubes, pero no había
ninguna nube sobre de ella!
(4) Esta es una hermosa historia de Yabir:
Él narró que en una ocasión, el camello que montaba estaba exhausto porque se
lo usó para transportar agua. El camello apenas podía caminar. Muhámmad
le preguntó: '¿qué ocurre con tu camello?' Al ver lo cansado que estaba el
pobre camello, Muhámmad hizo una plegaria por el animal, y Yabir nos dice que,
desde entonces, el camello siempre estaba delante de los otros, enérgico y aventajándolos
con su paso. Muhámmad le preguntó a Yabir: ¿Cómo se encuentra tu camello? ‘Yabir
respondió: 'está bien, tu bendición lo ha ayudado mucho'.
Muhámmad compró el camello de Yabir por una pieza de oro, con la condición que Yabir
lo montara de regreso a la ciudad. A la mañana siguiente, Yabir llevó el
camello a Muhámmad, pero Muhámmad le dio la pieza de oro y le dijo que conservara
su camello.
No es de extrañar que aquéllos que vivieron junto al
Profeta dieran testimonio de estos grandes milagros, realizados frente a inmensas
muchedumbres, estando totalmente seguros de su veracidad.
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