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“Comencé a
ver el Islam con mis propios ojos, como una inmaculada creencia no adulterada,
en el único y verdadero Dios, que no engendró, ni fue engendrado, que no se
parece a nada ni a nadie… En lugar del calificado deísmo de un Dios tribal y
las construcciones de una Divina Trinidad, el Corán me mostró el concepto de
Dios más lucido, más directo, más abstracto –y por lo tanto el más avanzado históricamente–
y con menos antropomorfismo”.
“Las afirmaciones ontológicas del Corán, así como también las
enseñanzas éticas, dieron la impresión de ser profundamente convincentes: “bueno
como el oro”; por lo tanto, no había lugar para la menor duda acerca de la
autenticidad de la misión profética de Muhammad. Las personas que comprenden la
naturaleza humana no pueden dejar de apreciar la infinita sabiduría de “lo
debido y lo indebido” que Dios le transmitió al hombre en la forma del Corán”.
Para el cumpleaños número 18 de su
hijo en 1980, preparó un manuscrito de 12 páginas que contenía las cosas que él
consideraba incuestionablemente verdaderas desde un punto de vista filosófico.
Le pidió a un Imam musulmán de Cologne, llamado Muhammad Ahmad Rassoul, que
observara el trabajo. Después de leerlo, Rassoul remarcó que si el Dr. Hofmann creía
en lo que había escrito, entonces ¡era un musulmán! Y de hecho, unos pocos días
más tarde declaró: “Atestiguo que no hay otra divinidad aparte de Dios, y atestiguo
que Muhammad es el Mensajero de Dios”. Eso fue el 25 de septiembre de 1980.
El Dr. Hofmann continuó su carrera
profesional como diplomático alemán y oficial de la OTAN 15 años después de
convertirse en musulmán. “Nunca sufrí ningún tipo de discriminación en mi vida profesional”,
dijo. En 1984, tres años y medio después de su conversión, el Presidente alemán
de ese entonces, el Dr. Carl Carstens, lo premió con la Orden de Mérito de la
República Federal de Alemania. El gobierno alemán distribuyó su libro Diario
de un musulmán alemán a todos las misiones alemanas extranjeras en los países
musulmanes, como una herramienta analítica. Los deberes profesionales no le
prohibieron practicar su religión.
Antes disfrutaba de tomar vino tinto,
pero ahora rechazaba educadamente los ofrecimientos de alcohol. Como Oficial de
Servicio Extranjero, ocasionalmente organizaba cenas para invitados extranjeros.
Participaba en esos eventos con un plato vacío frente a él durante el mes de Ramadán.
En 1995, renunció voluntariamente al Servicio Exterior para dedicarse a las
causas islámicas.
Discutiendo acerca de los males
causados por el alcohol en la vida individual y social, el Dr. Hofmann mencionó
un incidente causado por el alcohol en su propia vida. Durante sus años de estudio
en Nueva York, en 1951, en una ocasión viajaba desde Atlanta a Mississippi. En Holly
Spring, Mississipi, de repente un vehiculo aparentemente conducido por un
conductor alcoholizado apareció frente a su auto, fue un accidente muy serio
que hizo que se le cayeran 19 de sus dientes y se desfigurara su boca.
Después de cirugías en su mentón y
en el labio inferior, el cirujano del hospital le dijo que “bajo circunstancias
normales, nadie sobrevive a un accidente de este tipo. ¡Dios tiene algo
especial en mente para ti, mi amigo!” Mientras rengueaba por Holly Spring después
de dejar el hospital, “con un brazo lastimado, una rodilla vendada y la cara
vendada con color a yodo”, se preguntaba cuál sería el significado del
comentario del cirujano.
Lo llegó a conocer un día, pero
mucho más tarde. “¡Finalmente, treinta años más tarde, en el mismo día en que profesé
mi fe en el Islam, comprendí el verdadero significado de haber sobrevivido!”
Una declaración acerca de su conversión:
“Desde
hace un tiempo ya, buscando más y más precisión y brevedad, intenté escribir,
de manera sistemática, todas las verdades filosóficas que, desde mi punto de
vista, pueden ser establecidas más allá de toda duda razonable. En el curso de
este esfuerzo, me percaté de que la típica actitud de un agnóstico no es
inteligente; que el hombre simplemente no puede escapar de una decisión para
creer; que la creación de lo que existe a nuestro alrededor es obvia; que el
Islam indudablemente se encuentra a sí mismo en la mayor armonía dentro de la realidad. De este modo, me di cuenta, no sin sorprenderme, que paso a paso, a pesar de mí
mismo y casi inconscientemente, me hubiera convertido en musulmán en
sentimientos y pensamientos. Sólo quedaba un último paso: formalizar mi
conversión… Hoy soy musulmán. He llegado”.
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