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Los relatos del diluvio en las
tradiciones judía y cristiana reconocen a Noé como un hombre recto en un mundo
aplastado bajo el peso del pecado y la incredulidad. El Corán y los dichos del
Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él,
nos enseñan que el Profeta Noé era un faro de esperanza entre los descendientes
de Adán, en una época donde el pecado y la anarquía se habían apoderado de la
gente.
La humanidad había sido una comunidad
creyente en la Unidad y Unicidad de Dios, pero la confusión y la desviación se
habían deslizado. Noé era un hombre tranquilo y paciente, que llamó a su pueblo
a regresar a la adoración del Único Dios Verdadero. Él fue un orador
excepcional, ordenando a aquellos que lo rodeaban que abandonaran la adoración y
la veneración de ídolos y estatuas, y que escucharan su advertencia de un
castigo terrible por venir.
“Enviamos a Noé a su pueblo, y les dijo: ¡Oh,
pueblo mío! Adorad solamente a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él.
¿Es que no Le teméis?” (Corán 23:23)
Noé narró historias sobre los misterios
de la vida y las maravillas del universo. Él describió cómo el día, que brinda
luz solar y actividad, es seguido por la noche que brinda frescor y descanso.
Habló de Dios, el Creador Divino a Quien pertenecen el cielo y la tierra, y
señaló la amplitud y la belleza de la tierra. Noé explicó que la creación del mundo
era para el bienestar de la humanidad, pero que el hombre también tenía la
obligación de entender esto y dirigir su adoración a Dios, no a deidades
falsas. Cuando Noé comenzó a hablar del castigo que espera a los idólatras, su
pueblo se llenó de resentimiento e ira.
Cómo comenzó la idolatría
El Profeta Muhammad nos informó que
hubo diez generaciones entre los Profetas Adán y Noé. Sabemos que este fue un período largo de tiempo, pues el mismo Noé
vivió más de un siglo, y la gente antes vivía más tiempo.
En aquellos años, entre Adán y Noé hubo
generaciones de gentes que recordaban las leyes impartidas por Adán y adoraban
a Dios correctamente. Los años pasaron y la gente olvidó, a veces los hombres
rectos entre ellos recordaron a la gente sus obligaciones para con Dios. A
medida que el tiempo continuó avanzando, los hombres rectos comenzaron a morir,
y Satanás estuvo susurrando a la gente que los había visto, poniendo en sus
mentes pensamientos a su modo astuto, hábil.
Satanás inspiró a la gente buena para que
hiciera estatuas de los hombres rectos. De este modo, les decía Satanás,
recordarían a los justos y así recordarían adorar a Dios. La gente buena
construyó estatuas en sus lugares de reunión y en sus casas, y Satanás los dejó
solos hasta que todos habían olvidado la razón por la que existían esas
estatuas. Muchos años después, el retorcido Satanás apareció entre la gente,
esta vez sugiriéndoles que adoraran directamente a los ídolos.
Una narración auténtica del Profeta Muhammad
resume el inicio de la idolatría de la siguiente forma. Ibn Abbas, un compañero
cercano del Profeta Muhammad, dijo:
“Los nombres (de los ídolos) pertenecieron
inicialmente a algunos hombres piadosos del pueblo de Noé, y cuando ellos
murieron Satanás inspiró a su pueblo a elaborar y colocar ídolos en los lugares
donde acostumbraban reunirse, y a llamar a esos ídolos por sus nombres. La
gente lo hizo, pero los ídolos no fueron adorados hasta que esta gente (que
comenzó con ellos) hubo muerto y el origen de los ídolos se hizo oscuro, con lo
que la gente comenzó a adorarlos”. (Sahih Al Bujari)
El llamado de Noé
La palabra Profeta (Nabi en
árabe) deriva de la palabra Naba, que significa noticias. La
Revelación es dada por Dios y, a su vez, el Profeta difunde las noticias entre
su pueblo. Un Mensajero, por otra parte, es enviado con una misión específica,
usualmente para transmitir un nuevo ordenamiento proveniente de Dios. Todo
Mensajero es un Profeta, pero no todo Profeta es un Mensajero. Como
se trataba de la primera desviación de la adoración correcta a Dios como fue
enseñada por el Profeta Adán, Dios, en su infinita Bondad y Misericordia,
cumplió su promesa hecha a Adán de enviar mensajeros como guía para la
humanidad. Dios envió a Noé, el primero de Sus Mensajeros. Abu
Hurairah narró que el Profeta Muhammad dijo:
“En el Día del Juicio, la gente
vendrá a Noé y dirá: ‘Oh, Noé, eres el primero de los Mensajeros enviados a la
Tierra, y Dios te llamó siervo agradecido’”. (Sahih Al Bujari)
Adorar a algo o alguien fuera de Dios
tiene graves consecuencias, la menor de las cuales es una pérdida de libertad,
puesto que Satanás esclaviza al hombre, destruye su mente y lo incapacita para
reconocer el bien del mal. Cuando Noé advirtió a su pueblo del tormento que les
esperaba si no abandonaban la idolatría, sus advertencias cayeron
principalmente en oídos sordos. Noé explicó el engaño de Satanás, pero su
pueblo le dio la espalda y se rehusó a escuchar. Noé les advirtió de día y de
noche, anunció su mensaje en público y en privado. Sin embargo, la gran mayoría
de ellos negó sus palabras. Noé clamó a Dios:
“¡Oh, Señor mío! Por cierto que exhorté a mi
pueblo noche y día, pero mi exhortación sólo ha servido para que se aparten aún
más [del camino recto]. Y toda vez que los llamé hacia la guía para que Tú los
perdonases, se pusieron los dedos en los oídos, se cubrieron con la ropa, se
obstinaron y se ensoberbecieron”. (Corán 71:5-7)
Aquellos que respondieron a la llamada
de Noé fueron los más débiles y pobres de su pueblo. Los líderes y aquellos con
poder respondieron con arrogancia y rechazaron el llamado. Dijeron:
“Nosotros consideramos que estás en un
evidente error”. (Corán 7:60)
Noé continuó apelando a su pueblo, día
tras día y año tras año. Durante 950 años tuvo que soportar sus insultos y sus
burlas.
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