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Como Doctor en Medicina y descendiente de
una familia católica francesa, la misma decisión de mi profesión me ha dado una
sólida cultura científica que me ha preparado muy poco para una vida mística. No
es que no creyera en Dios, sino que los dogmas y ritos del cristianismo en
general y del catolicismo en particular nunca me permitieron sentir Su
presencia. Es así como mi sentimiento monoteísta por Dios me prohibía aceptar
el dogma de la Trinidad y, consecuentemente, el de la divinidad de Jesucristo.
Sin conocer aún el Islam yo ya estaba
creyendo en la primera parte de la Kalima, La ilah illa Allah (No hay
deidad sino Allah), y en estos versos del Corán:
“Di: Él es Dios, la única divinidad. Dios es
el Absoluto [de Quien todos necesitan, y Él no necesita de nadie]. No engendró,
ni fue engendrado. No hay nada ni nadie que sea semejante a Él”. (Corán
112:1-4)
Entonces, fue primero que todo por razones
metafísicas que me adherí al Islam. Otras razones
también me motivaron a hacerlo. Por ejemplo, mi negativa de
aceptar a los sacerdotes, quienes, más o menos, dicen poseer de parte de Dios
el poder de perdonar los pecados del hombre. Más aún, nunca pude admitir el
rito católico de la comunión por medio de la hostia, representando el cuerpo de
Jesucristo, un rito que me parece pertenece a prácticas [totémicas] de pueblos
primitivos, donde el cuerpo del tótem ancestral, el tabú de los vivientes, debía
ser consumido luego de su muerte, con el fin de asimilar mejor su personalidad.
Otro punto que me alejó del cristianismo fue el absoluto silencio que mantiene
con relación a la limpieza del cuerpo, particularmente antes de las oraciones, lo
que siempre me pareció una ofensa contra Dios. Pues si Él nos dio un alma, también
nos dio un cuerpo, el cual no tenemos derecho a descuidar. El mismo silencio
podía ser observado, y esta vez mezclado con hostilidad, con relación a la vida
fisiológica del ser humano, mientras en este punto el Islam me parecía que era
la única religión de acuerdo con la naturaleza humana.
El elemento esencial y definitivo de mi
conversión al Islam fue el Corán. Empecé a estudiarlo, antes de mi conversión, con
el espíritu crítico de un intelectual occidental, y le debo mucho al magnífico
trabajo del señor Malek Bennabi, titulado Le Phenomene Coranique, el
cual me convenció de que fue divinamente revelado. Hay ciertos versículos de
este libro, el Corán, revelado hace más de 14 siglos, el cual enseña exactamente
las mismas nociones que la mayoría que los más modernos investigadores
científicos. Esto definitivamente me convenció y me convirtió a la segunda
parte del testimonio de fe: ‘Muhammad Rasul Allah’ (Muhammad es el Mensajero de
Allah).
Esta fue mi razón para presentarme por mí
mismo el 20 de Febrero de 1953 en la mezquita de París, donde declaré mi fe en
el Islam y fui registrado como un musulmán por el Mufti de dicha mezquita, y me
fue dado el nombre musulmán de ‘Ali Selman’.
Soy muy feliz en mi nueva fe y proclamo
una vez más:
“Atestiguo que no hay deidad salvo Allah, y
atestiguo que Muhammad es el Siervo y Mensajero de Allah”.
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