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La gracia, la fe y las obras (parte 1 de 4): Los componentes de la fe
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Descripción: La relación entre la fe interior y las buenas obras en el Islam. Parte uno: El concepto islámico de “fe” y su relación con la creencia interior y las buenas obras.
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 06 Jun 2011 - Última modificación 06 Jun 2011
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> Actos de adoración y ritos
> Los cinco pilares del Islam y otros actos de adoración
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Introducción
El Islam es una religión que da
importancia tanto a la creencia interior como a las obras externas. Ser un musulmán
no sólo implica que uno deba realizar actos de adoración ritual ni que sólo
deba mantener cierta creencia en su corazón sin que ésta se evidencie en los
hechos de uno. Algunos creen erróneamente que el Islam pone las obras por
encima de la fe interior, cuando en realidad el Islam enseña que la fe interior
es lo primero, lo primordial y lo más importante de los cinco pilares y
fundamentos del Islam. La opinión Islámica es que tanto la creencia interior
como las obras exteriores conforman lo que se conoce en el Islam como la “fe”.
El Islam enseña que la salvación se
logra por la Gracia de Dios, y que Dios da Su Gracia a los que tienen tanto
creencia interior como buenas obras. La diferencia, entonces, entre el cristianismo
occidental y el Islam no es que una religión crea que la fe interior es
importante mientras la otra no; de hecho, tanto el cristianismo occidental como
el Islam creen que la creencia interior es el factor más integral para alcanzar
la salvación. La diferencia es que el Islam enseña que, aunque la creencia es
el factor más importante, no es el único. En este artículo examinaremos primero
el punto de vista islámico, después de lo cual se dará una mirada crítica a la
doctrina cristiana de “por fe solamente”.
Los componentes de la fe
El Islam enseña que las obras son una rama
de la fe. La fe (iman) no se define como la mera creencia interior, sino
como la suma de la creencia interior y las obras (‘amal). Así, fe y obras no son dos
entidades separadas, sino que más bien una es una parte y componente de la
otra. Por lo tanto, el debate sobre “la fe vs. las obras” no tiene relevancia
en el discurso islámico, ya que la segunda es parte y componente de la primera.
Los musulmanes creen que la fe (iman) se compone de tres partes: (1) creer
de corazón (i’tiqad), (2) afirmar dicha creencia con la lengua (qawl),
y (3) obrar en consecuencia (‘amal).
Creer de corazón
De estos tres componentes de la fe, la
creencia de corazón es considerada la más importante. Por lo tanto, incluso
desde este punto de vista, es incorrecto decir que el Islam hace hincapié en
las acciones más que en la creencia interior. Por el contrario, ninguna obra es
aceptada por Dios si uno no tiene la creencia interior correcta, tal como la
creencia de que sólo Dios debe ser adorado. Dios dice:
“Si atribuyes copartícipes a Dios tus obras
se malograrán y te contarás entre los perdedores”. (Corán 39:65)
Las obras sólo son aceptadas si se
mantiene la creencia correcta. Así, cuando Dios Todopoderoso menciona obras en
el Corán, la palabra “creer” las precede, indicando la visión islámica de que
la creencia tiene más importancia en la religión que las obras:
“Mas quienes hayan creído y obrado rectamente
serán los moradores del Paraíso donde vivirán eternamente”. (Corán 2:82)
“Dios ha prometido a los creyentes que obren
rectamente que obtendrán el perdón [de sus pecados] y una magnífica recompensa”.
(Corán 5:9)
“Y quienes hayan creído y obrado rectamente
serán recompensados con el Paraíso donde morarán eternamente”. (Corán 7:42)
“Y a quienes crean y obren rectamente, su
Señor los guiará hacia el camino que conduce a los Jardines de las Delicias por
donde corren los ríos”. (Corán 10:9)
“Por cierto que el Clemente hará que quienes
hayan creído y obrado rectamente sean queridos por los hombres”. (Corán 19:96)
“A quienes crean y obren el bien les
expiaremos sus faltas y les recompensaremos por sus buenas obras”. (Corán 29:7)
“Él responde las súplicas de quienes creen y
obran rectamente, y les acrecienta Sus gracias”. (Corán, 42:26)
Para explicar este concepto, los
eruditos musulmanes han comparado la fe con un árbol. Creer de corazón es
considerado la raíz, está oculta bajo la superficie, invisible al ojo. Sin
embargo, la raíz es la que da base sólida al árbol, sin la cual no puede haber
árbol. Las obras entonces son consideradas como lo que es visible en la
superficie, como el tronco y las ramas de los árboles. Esta es una de las
razones por las que no es apropiado debatir sobre “fe versus obras”. Una
persona puede comparar un árbol con otro, pero no es válido comparar un árbol
(fe) con sus ramas (obras). Sin embargo, si comparamos la creencia de corazón
con las acciones de los miembros, entonces sabremos que la primera es la raíz o
base, mientras las segundas son las ramas. La raíz o base siempre es más
importante que una rama. Una rama puede caerse y el árbol seguirá en pie, o
brotará de nuevo, pero si uno corta la raíz, entonces todo el árbol caerá y
dejará de existir.
La creencia de corazón es la base del
árbol de la fe, sin la cual éste muere. Las buenas obras son el tronco y las
ramas de este árbol; si no hay ramas sino sólo una raíz, en esencia no habrá
árbol. Mientras más ramas, más perfecto será el árbol. Por lo tanto, decimos
que la base de la fe es creer de corazón, pero está incompleta sin buenas
obras. Mientras que un árbol no es un árbol sin su tronco y sus ramas, un árbol
no puede subsistir sin su base o raíz.
Por ello, la posición islámica se
declara así: la fe (iman) es el fundamento y el pilar más importante del
Islam. La fe consiste tanto de (la creencia de) corazón como (de las acciones)
del cuerpo. La primera es más importante que las segundas, y la fe deja de
existir si la creencia está ausente.
La importancia de la creencia de
corazón puede ser demostrada por el hecho de que los actos aparentemente buenos
pueden ser invalidados si la creencia de corazón no está presente. Por ejemplo,
dar dinero en caridad para buscar la complacencia de Dios es una buena creencia
acompañada de una buena acción, y como tal hay una recompensa de Dios por ello.
Sin embargo, si uno dona dinero en caridad con la intención de hacer alarde
ante la gente de la generosidad de uno, entonces esta es una acción aparentemente
buena pero con una intención malvada y una creencia interior corrupta y, como
tal, no logra en absoluto la complacencia de Dios. El Profeta Muhammad, que la
misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, dijo:
“Las acciones son juzgadas según
sus intenciones”. (Sahih Al-Bujari,
Sahih Muslim)
Lo que esto significa es que las
acciones de la lengua o las extremidades no sirven de nada si no están
arraigadas en la creencia de corazón.
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La gracia, la fe y las obras (parte 2 de 4): Palabras, actos, y el amor de Dios
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Descripción: La relación entre la fe interior y las buenas obras en el Islam. Parte dos: El papel de la palabra y las obras en relación a la fe y el amor.
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 06 Jun 2011 - Última modificación 06 Jun 2011
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> Actos de adoración y ritos
> Los cinco pilares del Islam y otros actos de adoración
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La declaración de la lengua
Uno debe declarar públicamente su fe a
Dios. Incluso Satanás tenía fe en
su corazón, pero no declaró su promesa de lealtad a Dios, por el contrario, se
declaró a sí mismo en rebelión y oposición. Por lo tanto, un musulmán debe
declarar que “no hay nadie digno de adoración sino sólo Dios”, y debe creer en
todos los Profetas de Dios que enseñaron este mensaje.
Ibn Taimiah declaró en El Libro de
la Fe:
“Aquel que cree en su corazón pero no
declara verbalmente su creencia, no es considerado un creyente, ni en esta vida
ni en la otra. Dios no ha declarado que tal persona —que simplemente tiene
conocimiento de la fe en su corazón— sea un creyente en el Mensaje [de Dios].
No se le considera creyente hasta que lo confirme de palabra.
Por lo tanto, el discurso externo es un
aspecto esencial de la fe, y de acuerdo con los eruditos clásicos y modernos,
uno no se salvará hasta que testifique verbalmente… aquel que no hace la
declaración de fe a pesar de estar en capacidad de hacerlo, es incrédulo. Es
incrédulo tanto interior como exteriormente”. (Kitab Al-Iman)
La importancia de las acciones
Creer de corazón resulta en buenas
obras. ¿Cómo puede ser que una persona diga que cree en su corazón pero nunca
hace buenas obras? El gran erudito Ibn Taimiah dijo:
“Y esto es porque la raíz de la fe es lo que está en el corazón y
las obras externas son una consecuencia inevitable de ello. Es inconcebible que
existiendo fe en el corazón no haya [buenas] obras de los miembros [como
consecuencia]. Por el contrario, cuando las obras externas disminuyen, es
consecuencia de la disminución de la fe que está en el corazón… Ya que las
obras están correlacionadas con el corazón, entonces seguramente es deseable
que una persona no se contente con la creencia de corazón, sino que la acompañe
con obras correctas”. (Al-Fatawa,
7/198)
El Islam enseña que no existe dicotomía
entre la creencia y las obras. Al contrario, la creencia y las obras se
complementan entre sí y están entrelazadas. La persona que afirma creer —y no
lo muestra con obras— es hipócrita.
Si un hombre ama a su esposa de
corazón, entonces la tratará bien con sus acciones. Si un hombre es negligente
con su esposa y abusa de ella, entonces seguramente no la ama en verdad. El
amor se manifiesta en las obras. Si un hombre ama a su mujer, entonces hará lo
que a ella le gusta. Si un hombre realmente ama a Dios, lo mostrará obedeciendo
Sus mandamientos. Tal persona sabrá realizar buenas obras para lograr la
complacencia de Dios. Se esforzará por medio de sus obras en buscar la
complacencia de Dios, y ese es el camino hacia la salvación.
Al-Hasan Al-Basri,
un gran erudito del Islam, explicó:
“La fe no es
un adorno ni una ilusión, sino que se instala en el corazón y se verifica a
través de los actos. Al que predica el bien pero no hace el bien, Dios
comparará sus palabras con sus hechos. Quien predica y hace el bien ve sus
palabras aumentadas por sus acciones. Esto es porque Dios dice:
“Hacia Él
ascienden las buenas palabras [y las glorificaciones], y Él exalta las obras
piadosas”. (Corán 35:10)
(Ibn Battah en Al-Ibana Al-Kubra 3/120, y Al-Jatib Al-Baghdadi en
Iktidá Al-Ilm Al-Amal #56.)
La verdadera fe es tener esperanza y
dependencia en la promesa de Dios. Dios Todopoderoso dice en el Corán:
“Adoradle, pues, y encomendaos a Él”. (Corán
11:123)
“Encomiéndate al Viviente Inmortal, y
glorifícalo”. (Corán 25:58)
Hay una diferencia entre la verdadera
esperanza en Dios y una mera ilusión. Ibn Al-Qaiem (2/27-28) explicó:
“La diferencia entre mera ilusión y
esperanza verdadera es que la mera ilusión implica pereza, por lo que la
persona no se presiona a sí misma y no se esfuerza [por alcanzar lo que desea].
La esperanza y confianza en Dios, en cambio, implica esfuerzo, dedicación, y la
bella dependencia [de Dios]. La primera [mera ilusión] es como aquel que espera
que la tierra plante y siembre sus propias semillas para él. La segunda
[esperanza en Dios] es como aquel que [de hecho] labra la tierra, planta las
semillas y luego espera que las cosechas crezcan… La esperanza no es correcta a
menos que se acompañe por la acción”.
Shah Al-Kirmani
dijo:
“La señal de una esperanza sana es la buena obediencia”. (Citado por
Ibn Al-Qaiem, 2/27-28)
Ibn Al-Qaiem continuó:
“Y la esperanza es de tres tipos: dos son dignos de elogio y uno es
blasfemo y mera ilusión. Los primeros dos son: (1) la esperanza de una persona
que hace un acto de obediencia a Dios, bajo la guía divina, esperando obtener
recompensa, (2) alguien que comete un pecado, luego se arrepiente por ello,
esperando el perdón, bondad, magnanimidad, clemencia y generosidad de Dios. (3)
El tercer [tipo] es como una persona que reincide en el pecado y en transgredir
los límites, y aun así espera la misericordia de Dios sin hacer ninguna acción
[que la justifique]. Esto es engaño, mera ilusión y falsa esperanza”.
Debemos amar a Dios, pero no sólo
debemos amar a Dios con nuestros corazones, sino con nuestros actos. Si rezamos
toda la noche, esto va a inculcar en nuestros corazones el recuerdo de Dios, de
esto se desprende que una acción (como la oración) puede reforzar nuestra
creencia interna. Por otro lado, los actos pecaminosos debilitan la fe. Si un
hombre pasa la noche fornicando, esto afectará su corazón y debilitará su fe.
Las buenas acciones fortifican la creencia de corazón, mientras que los actos
malos corrompen el corazón.
La verdad del asunto es que aquellos
que dicen amar a Dios —y sin embargo no hacen obras para probarlo— no tienen
creencia en su corazón ni tienen convicción en su lengua ni hacen acciones que
reflejen nada más que el vacío de sus corazones. Encontramos que mucha gente de
algunas religiones hace declaraciones ostentosas respecto a su supuesto amor
por Dios, pero no lo demuestran con sus hechos. Un musulmán debe recitar la
Declaración de Fe o Shahada, como se le conoce en árabe. La palabra
significa literalmente “atestiguar”, y significa ser testigo de que no existe
nadie merecedor de adoración sino sólo Dios. Sin embargo, atestiguar con la
lengua es cosa sencilla, es una señal mucho mayor de la creencia atestiguar la
Gloria de Dios con el cuerpo de uno, sus acciones e incluso su vida. Es por
esto que la palabra shahid (aquel que entrega físicamente su vida a
Dios) proviene de la misma raíz que la palabra Shahada (Declaración de
Fe), puesto que la forma más excelente de declarar la Gloria de Dios es con las
acciones y no sólo con las palabras.
Es cuestión de sentido común: una cosa
es un hijo que le dice a su padre que lo ama, y otra es que le ofrezca su
propio riñón, esto es un nivel más alto de amor. Un hombre pude decir
que ama a su país, pero es un nivel más alto para un hombre arriesgar su vida
en el ejército defendiendo a su país. Puede sonar a cliché, pero es una verdad evidente
que las acciones son más elocuentes que las palabras. A menudo nos encontramos
con que algunos adeptos a ciertas religiones están ocupados diciéndonos
lo mucho que aman a Dios. Nosotros mostramos nuestro amor a Dios cinco
veces al día, cuando nos sometemos a Él en oración y cuando nos apegamos a los mandamientos
de Dios. Más aún, los musulmanes somos demasiado humildes y tímidos para
declarar que nuestro amor por Dios es tan fuerte que se nos ha prometido el
Paraíso. ¿Quién es superior, la persona que continuamente hace alarde de su
amor a Dios, o el que lo manifiesta humildemente en sus obras, trabajando duro
para complacer a su Señor, el Altísimo?
En el Corán, Dios Todopoderoso ordena
al Profeta que diga a aquellos que aseguran amar a Dios que lo reafirmen con
sus obras en obediencia:
“Di: Si verdaderamente amáis a Dios
¡Seguidme! Y Dios os amará y os perdonará los pecados. Dios es Absolvedor,
Misericordioso”. (Corán 3:31)
Este es un reto proveniente de Dios
Todopoderoso, con el que Él nos dice que si realmente lo amamos ,
entonces debemos obedecer Sus mandamientos para probarlo. Sin embargo, si
desafiamos las leyes de Dios, entonces en realidad no Lo amamos, y esto es
deshonestidad y mera hipocresía.
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La gracia, la fe y las obras (parte 3 de 4): La gracia de Dios
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Descripción: La relación entre la fe interior y las buenas obras en el Islam. Parte tres: La noción falsa de que uno “se gana” el Cielo sólo a través de la creencia interior y las buenas obras.
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 13 Jun 2011 - Última modificación 13 Jun 2011
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> Actos de adoración y ritos
> Los cinco pilares del Islam y otros actos de adoración
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La gracia de Dios
Algunas personas pueden pensar que el Islam
enseña que el Paraíso puede ser ganado por las obras propias. Esto no es
verdad, la creencia islámica es que ni la fe ni las obras pueden llevarnos al
Cielo. Por el contrario, sólo la Gracia de Dios y Su Misericordia pueden
permitirnos entrar al Paraíso. Creer otra cosa es cuestionar el poder de Dios y
Su Soberanía absoluta. Dios es El Perdonador, y afirmar que un hombre puede
concederse a sí mismo el perdón es hacer a un lado los Nombres y Atributos de
Dios. Eso sería exaltar la creación (es decir, a uno mismo) al estatus del
Creador, haciéndose uno mismo copartícipe en la Gloria y el Poder de Dios, lo
que configura el pecado atroz del shirk, es decir, asociarle copartícipes
a Dios en la adoración.
Una casa en esta vida mundana cuesta un
precio determinado. Mientras mejor y mayor es, más cuesta. Una mansión cuesta
más que una casa de tamaño regular, y un palacio cuesta más que una mansión.
¡Uno sólo puede imaginarse cuánto cuesta un palacio en el Paraíso! Si los
hechos fueran nuestra moneda, entonces la verdad es que ninguno de nosotros
podría ahorrar suficientes obras buenas para pagarse ni siquiera un centímetro
cuadrado de propiedad en el Paraíso. Una de las razones por las que los seres
humanos jamás acumularíamos suficientes obras buenas es que ya tenemos una
deuda fuerte. Ninguna cantidad de obras buenas puede pagarle a Dios
Todopoderoso por lo que nos ha brindado, como la vista, el oído y demás. Por lo
tanto, la conclusión es que ningún ser humano puede ganarse el Paraíso por sus
propios méritos o con sus obras.
Nadie va a alcanzar la salvación eterna
por su propio nivel de fe o por sus obras, sino que ésta sólo puede lograrse a
través de la Gracia de Dios. El Profeta Muhammad, que la misericordia y las
bendiciones de Dios sean con él, dijo:
“…Tengan en cuenta que ninguno de
vosotros puede alcanzar la salvación sólo en virtud de sus propias obras”.
La gente le preguntó: “Oh,
Mensajero de Dios, ¿ni siquiera tú?”
A lo que el Profeta respondió: “Ni
si quiera yo, a menos que Dios me abarque con Su Misericordia y Su Gracia”.
Se sabe que el hombre más recto y justo
de la humanidad fue el Profeta Muhammad y, sin embargo, nos encontramos con que
incluso él entrará al Paraíso sólo por la Gracia de Dios. Esto se hace más
claro en otro Dicho Profético (hadiz) en el que se nos relata sobre el
hombre que hizo buenas obras toda su vida y luego pensó que iría al Paraíso con
base en ellas, sin la Gracia de Dios. Este tipo de persona —que es tan
arrogante como para pensar que sus propias obras le merecerían el Paraíso— será
arrojado al Infierno, puesto que no creyó en la Gracia de Dios.
Sin embargo, esto no disminuye la
importancia de la fe y las obras. Los musulmanes creen que Dios Todopoderoso
concede Su Gracia y Misericordia a aquellos que tienen fe y que hacen buenas
obras. Dios Todopoderoso dice:
“Él responde las súplicas de quienes creen y
obran rectamente, y les acrecienta Sus gracias”. (Corán 42:26)
Dios Todopoderoso nos dice que Su
Gracia, Misericordia y Amor son para aquellos que “creen” y que hacen “buenas
obras”:
“Por cierto que el Clemente hará que quienes
hayan creído y obrado rectamente sean queridos por los hombres”. (Corán 19:96)
Los musulmanes creen que Dios ama a los
que actúan bien y que Él aborrece a los malvados. Esto contrasta con lo que
dicen algunos cristianos, por ejemplo, que Dios ama a todos, incluyendo a los
malvados, peligrosos y pecadores. Sin embargo, esta idea es rechazada incluso
en la Biblia:
“Dios está airado contra el impío
todos los días”. (Salmos 7:11)
“¡Oh, cuántas veces la lámpara de
los impíos es apagada, y viene sobre ellos su quebranto, y Dios en su ira les
reparte dolores!” (Job 21:17)
La idea de que Dios ama a todo ser
humano puede ser un buen y suave ideal neo-hippy, pero no tiene sentido
y no es compatible con el Mensaje de Dios. Los cristianos creen también que
Dios creó el Infierno, y que algunos humanos serán enviados allí. ¿Acaso Dios
ama a aquellos que Él Mismo condena al Infierno? Si este es el caso, entonces,
¿qué clase de amor es? Si Dios realmente odia el pecado y no al pecador,
entonces, ¿por qué el pecador —no el pecado— será arrojado al Infierno?
De seguro, Dios no ama al malvado. ¿Qué
clase de Dios amaría a Adolf Hitler, Stalin, el Faraón, y tantos otros
opresores malvados? No, Dios no ama a los asesinos, violadores y criminales.
Creer que Dios ama a los malvados es cuestionar la Justicia de Dios. Por el
contrario, decimos que Dios sólo ama al bueno y odia al malo. Sin embargo, un
Atributo de Dios es que Él es el Más Misericordioso, de modo que si el malo se
vuelve hacia Él con arrepentimiento sincero, Dios lo aceptará rápidamente.
Para concluir el tema, quienquiera que
es amado por Dios entrará en la Morada del Cielo, y Dios da Su Amor y Su Gracia
a los que hacen el bien, aquellos que creen con sinceridad verdadera y que
hacen obras de justicia. Dios da Su gracia sólo a aquellos que se esfuerzan por
alcanzarla. ¿Cómo podría alguien esperar alcanzar la Gracia de Dios sin
trabajar con ambas manos para obedecer los mandamientos de Dios?
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La gracia, la fe y las obras (parte 4 de 4): La “fe sola” y la Biblia
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Descripción: La relación entre la fe interior y las buenas obras en el Islam. Parte cuatro: Un vistazo a la Biblia en busca del concepto de “fe sola”.
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 13 Jun 2011 - Última modificación 13 Jun 2011
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> Actos de adoración y ritos
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La creencia en la “fe sola” es rechazada por
la Biblia
Los cristianos creen que los seres
humanos deben alcanzar la “justificación” antes de entrar al Cielo. Los cristianos
occidentales afirman que ellos alcanzan esta “justificación” simplemente por la
“fe sola”. Sin embargo, esta doctrina de la “fe sola” es rechazada por la
propia Biblia. Es interesante notar que la palabra “fe” aparee más de 200 veces
en el Nuevo Testamento, y sólo una vez está relacionada con la palabra
“sola”. Y en esa única vez en que las dos palabras aparecen juntas, la doctrina
es de hecho rechazada por completo:
“Vosotros veis, pues, que el
hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. (Santiago 2:24)
En efecto, el pasaje en su totalidad
parece negar la doctrina de la “fe sola”. Leemos en Santiago 2:14-18:
14. “Hermanos míos, ¿de qué
aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo?
15. Y si un hermano o una hermana
están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
16. y alguno de vosotros les dice:
Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias
para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
17. Así también la fe, si no tiene
obras, es muerta en sí misma.
18. Pero alguno dirá: Tú tienes
fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por
mis obras”. (Santiago 2:14-18)
Incluso Satanás creía en Dios, sin
embargo no acompañó esta creencia con su juramento de lealtad ni con sus obras.
La Biblia continúa:
19. “Tú crees que Dios es uno; bien
haces. También los demonios creen, y tiemblan.
20. Mas, ¿quieres saber, hombre
vano, que la fe sin obras es muerta?
21. ¿No fue justificado por las
obras Abraham, nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
22. ¿No ves que la fe actuó juntamente
con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
23. Y se cumplió la Escritura que
dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo
de Dios.
24. Vosotros veis, pues, que el
hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
24. Asimismo también Rahab, la
ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los
envió por otro camino?”
(Santiago 2:19-25)
Algunos cristianos afirman que es
suficiente con declarar a Jesús como el salvador y Dios, después de lo cual la
persona “renace”. Ellos creen que esta única experiencia —de declarar a Jesús
como el salvador personal— es suficiente para que uno se asegure la entrada al
Reino de los Cielos. Sin embargo, este concepto es rechazado por la propia
Biblia. El versículo 7:21 de Mateo nos dice que declarar a Jesús como Señor de
uno no es suficiente, sino que uno debe obedecer los mandamientos de Dios para
alcanzar la salvación:
“No todo el que me dice: Señor, Señor,
entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que
está en los Cielos”. (Mateo 7:21)
Dios dará a cada hombre en proporción a
lo que se ha ganado con sus propias manos (es decir, con sus obras). La vida
eterna en el Reino de los Cielos sólo puede ser alcanzada con la persistencia
en hacer obras buenas. Leemos en la Biblia:
“Dios pagará a cada uno conforme a
sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y
honra e inmortalidad”. (Romanos 2:6-7)
Por lo tanto, la Vida Eterna depende
de que se haga el bien. La Biblia dice que aquellos que hacen el bien (es
decir, buenas obras) alcanzarán el Cielo, y que aquellos que hacen el mal (es
decir, malas obras) entrarán al Infierno.
“…los que hicieron lo bueno, saldrán
a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de
condenación”. (Juan 5:29)
La salvación no se alcanza de un día
para otro como algunos cristianos creen, sino que es algo que debe ser
trabajado a lo largo de toda la vida, como dice la Biblia:
“…ocupaos en vuestra salvación con
temor y temblor…”. (Filipenses 2:12)
La Biblia dice también:
“Mas el que persevere hasta el
fin, éste será salvo”. (Mateo 24:13)
En la Biblia se registra que Jesús, que
la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, dijo que para entrar a
la vida celestial uno debe obedecer los mandamientos de Dios. Esta es una
indicación clara de que la fe sola no es suficiente para alcanzar la salvación,
sino que, por el contrario, la entrada a la vida celestial depende de la
obediencia a los mandamientos de Dios. La Biblia dice:
Jesús contestó: “…Mas si quieres
entrar en la vida, guarda los mandamientos”. (Mateo 19:17)
El peligro de la doctrina de la “fe sola”
Hay un gran peligro en la prédica de una
doctrina que trivializa la importancia de las obras. A menudo, muchos cristianos
piensan que ya que Jesús los absolvió de sus pecados, no tienen necesidad de
permanecer lejos de los estilos de vida pecaminosos. En otras palabras, Jesús
les ha dado un “pase libre” para el pecado. Y es por eso que encontramos que
muchos cristianos pecan durante toda la semana y sólo van a la iglesia los
domingos, satisfechos con la idea de que han sido salvados sin importar lo que
pase. La doctrina de “una vez salvo, siempre salvo” lleva a la negligencia en
los deberes de uno para con Dios. Una religión que predica tal creencia sólo
causa que sus seguidores se alejen de la rectitud. La religión del Islam, por
su parte, advierte a sus seguidores que la Gracia de Dios es alcanzada por la
creencia y las buenas obras, y que uno debe esforzarse por alcanzar el
Paraíso. Es por esto que los musulmanes rezan 5 veces diarias, para que puedan
alcanzar la Gracia de Dios y la salvación. Es una lucha constante hacia la
rectitud a lo largo de toda la vida, no sólo un evento único.
La doctrina de la “fe sola” es blasfema,
puesto que no nos fue enseñada por Dios Todopoderoso. La “fe sola” no se
encuentra en el Corán. Más aún, esta doctrina no puede hallar fundamento en la
Biblia. No es apropiado seguir una creencia que no tiene base escritural alguna.
Conclusión
La Salvación se alcanza mediante la
consecución de la Gracia de Dios, y esto se hace con la mezcla de creencia
interior y buenas obras. Esta es una creencia que encuentra soporte tanto en el
Corán como en la Biblia. La promesa de Dios es que la Gracia se obtiene a
través de la fe interior y las buenas obras, en contraste con la “fe
sola”.
Algunas personas pueden creer que se
les ha prometido el Cielo por la “fe sola”; sin embargo, ¿esto significa que realmente
van a entrar al Cielo? El mero hecho de creer en algo no lo convierte en una
realidad. ¿Con qué frecuencia encendemos la televisión y escuchamos a los
tele-evangelistas proclamar que podemos ser salvados simplemente por decir que
Jesús es nuestro Señor? A menudo podemos cambiar el canal sólo para ver a
alguien más prometiéndonos que podemos perder 50 libras de peso en un mes
simplemente atándonos algunas correas de ejercicio en el abdomen. ¿Esta promesa
es menos dudosa que la promesa del Cielo del tele-evangelista?
Qué tonta sería una persona si compra
una de estas correas de ejercicios y confiara sólo en eso, sin preocuparse por
sus propias obras (es decir, dieta, ejercicio, etc.) Esa persona —si se vuelve
descuidada con su dieta y ejercicio— eventualmente obstruirá sus arterias con
grasa y morirá de un ataque al corazón, sin importar su creencia interna en que
iba a perder 50 libras. La creencia islámica es que los pecados son manchas
negras en el corazón espiritual. Con suficientes pecados, el corazón entero se
cubrirá de oscuridad y morirá. Los pecados obstruyen el corazón espiritual del
mismo modo en que la grasa obstruye las arterias del corazón físico. Aquel que
le presenta un corazón ennegrecido a Dios no entrará al Cielo, a pesar de su
creencia en el concepto de “fe sola”. Una persona que se basa en esta creencia
es como la que pone su confianza en la correa de ejercicio: por un tiempo,
estas personas se sienten ilusionadas y contentas con la promesa, pero
eventualmente la realidad desnudará su fea cabeza, y todos los hombres serán
responsables de sus obras.
Una correa mágica de ejercicio hace que
la gente se vuelva negligente en relación a la dieta y el ejercicio, pues ellos
creen que la correa será más que suficiente para compensar su falta. Del mismo
modo, el concepto de “fe sola” hace que la gente sea negligente con las obras.
Cuando esta gente muera, les molestará el no haber dedicado sus vidas para
acumular buenas obras con el fin de obtener la Gracia de Dios. La gente debe
dedicar sus vidas a hacer obras buenas en lugar de comprar la promesa de un
viaje sin esfuerzo al Paraíso sobre intenciones incumplidas.
El Corán confirma la verdad, en lugar
de contentarnos con falacias: los hombres deben trabajar duro para alcanzar el
Paraíso. Es de sentido común que una gran recompensa debe exigir un gran
esfuerzo. Dios Todopoderoso dice:
“Y luchad por la causa de Dios
con sinceridad”. (Corán 22:78)
Y dice también:
“A quienes luchen
denodadamente por Nuestra causa los afirmaremos en Nuestro camino. Ciertamente
Allah está con los benefactores”. (Corán 29:69)
Debemos esforzarnos en buscar la
complacencia de Dios no sólo creyendo en nuestros corazones, sino mostrando esa
creencia con nuestros actos. Nada es más importante que la creencia de corazón,
pero esto no niega la importancia de las acciones de las extremidades. Las
obras sin la fe no son sinceras, la fe sin las obras es hipocresía.
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