Cambiar de empleo
Hubo un congelamiento de contrataciones en
mi hospital; no obstante, en junio reanudaron inesperadamente los
reclutamientos para las incorporaciones y había dos empleos tras los cuales
podía ir. Uno era en el Departamento de Recursos Humanos y el otro en el Departamento
de Educación y Capacitación. Podía elegir entre ambos empleos y ambos directores
insistieron para que optara por sus departamentos. De elegir el Departamento de
Recursos Humanos hubiese estado justo en el medio de la acción, hubiese sabido todo
lo que ocurriría en el hospital, y las posibilidades de conseguir un aumento
salarial en el futuro eran mayores. Si elegía el Departamento de Educación las
posibilidades de que supiesen que era musulmana eran mayores y tendría que
empezar a cubrirme la cabeza. Por semanas me preocupé y me inquieté por lo que debía
hacer. De repente me era prioritario estar en medio de la acción, saber qué
ocurriría en el hospital y estar en una posición sólida y ventajosa; sin
embargo, algo me detenía. Finalmente, mi amigo jordano me sugirió que practicara
dos Raka adicionales después de mi oración por la noche y que le pidiera a Dios
Su orientación. Varios días hice eso pero no parecía dar resultado. Pienso que desde
el comienzo supe que correspondía que fuese a Educación, pero dentro de mí se llevaba
a cabo una lucha constante, temía que las personas se percataran, temía enfrentarlos
y, además, constantemente se paseaban por mi mente insinuaciones de la posición
ventajosa que obtendría si fuese a Recursos Humanos. Una noche, mientras leía el
Corán, advertí que todas esas cosas, el dinero, el chisme, el poder, no eran
significativas para mí. Nunca lo fueron. ¿Por qué de pronto se me volvieron tan
atractivas? Se me ocurrió que se trataba de Shaitan intentando convencerme,
pues si iba a Educación recibiría más apoyo y me integraría mejor a la religión
ya que había más musulmanes en ese departamento. Fue como si una nube se
hubiese disipado, tomé una determinación y no podía esperar a que llegara el
día siguiente para decirle a mi jefe mi decisión. Opté por Educación, por supuesto.
Llevar el hiyab
A partir de esto las cosas marcharon
rápidamente. Empecé a ir a la mezquita para orar y recibí gran apoyo en el
Departamento de Educación. Pronto mi jefe (estrictamente religioso) se enteró de
mi conversión y comenzó a presionarme para que cubriese mi cabeza. De modo que tuve
que pensar en ello seriamente. No quería hacerlo por la razón equivocada.
Quería hacerlo porque me sintiera preparada, y cuando lo supiese me lo pondría y
jamás me lo quitaría nuevamente. Al tiempo, mi jefe se tomó unos días de
vacaciones y dejé de sentirme presionada, aunque reflexionaba sobre ello continuamente.
Discutí con mi amigo sin parar sobre llevar el hiyab y la razón de ello, aún
así no me convencía.
En un fin de semana en la casa de una amiga
en el complejo habitacional, conversé con unas muchachas recién llegadas. Eran
muy agradables, sentí que podíamos ser amigas, y entonces pensé: “Bien,
personas nuevas llegarán y esto sólo será más y más duro. Tal vez si me vieran con
el hiyab desde un principio lo aceptarán y no lo cuestionarán tanto”. Decidí comenzar
a llevarlo al día siguiente. Éste es un extracto de mi diario íntimo:
“Me parece que me cubriré la cabeza
mañana. Una mitad de mí siente que es lo correcto, la otra mitad me grita para
que no lo haga. Trato de ignorar esa otra mitad. Es tan difícil saber qué
hacer. ¿Y si lo odiara luego del primer día o semana, o me diera cuenta de que cometí
un error en relación a todo esto después de una semana o mes? No hay vuelta atrás,
no a menos que quiera perder todo el respeto. ¿Cuándo estaré 100 % segura? ¿Alguna
vez estaré más segura de lo que estoy ahora? Tengo que aprovechar esta oportunidad,
debo creer que si es Dios quien lo desea, entonces lograré atravesar esto.
Ahora estoy teniendo un ataque de pánico.
¡Auxilio! ¿Creo realmente en esta religión? ¿De verdad quiero vivir así? ¿Quiero
pasar todas las noches y todos los fines de semana a solas? ¡Socorro! ¡Auxilio!
¡Auxilio! ¡Oh Dios! ¿Por qué es tan difícil esto? ¿Por qué soy tan miedosa? 29
años de edad y continúo actuando como un niño de 5 años. Pareciera que no logro
centrarme de ninguna manera y tomar una decisión, ¿cómo es posible que siendo
así haya decidido algo en el pasado? Ni siquiera soy muy buena persona, tengo que
esforzarme mucho para ser aunque sea medio buena. En este instante quisiera largarme
de este país, ir a una discoteca, bailar desenfrenadamente, emborracharme, gritar,
aullar y cantar. ¿Puedo afrontar el resto de mi vida sabiendo que no podré
tomar, no podré tener un novio y no podré salir de mi casa sin cubrirme la
cabeza? Si Kate (una amiga) estuviera aquí ahora mismo la llamaría por teléfono
y le pediría que me preparara un margarita. ¡Pero no está! Los demonios deben
de estar trabajando tiempo extra conmigo ahora. Y las personas piensan que soy
una persona sensata a quien conocieron. Te doy risa, ¿no es cierto?
Estoy decidida a hacerlo. Debo hacerlo.
Por lo menos, si fuera el caso, podría entrar en razón y percatarme de que soy
una tonta, –inshallah (Dios mediante) – estoy tomando la decisión correcta y tomaré
el camino acertado”.
No cerré los ojos esa noche. Hasta el
último instante no pensé que tendría el valor para hacerlo. Pero, justo antes
de pasar por la puerta, me lo puse. Jamás miré atrás.
Fue como si todas las dudas hubiesen
desaparecido. Era como si Shaitan me hubiese largado. Me sentía orgullosa,
parecía caminar a diez pies encima del suelo. Quería que todos supieran que era
musulmana. Estaba orgullosa de ser musulmana. Sabía que había tomado la
decisión acertada y que jamás lo lamentaría. Subhan Allah [glorificado sea Dios],
Él me lo facilitó.
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