El Corán
Dos cosas me sucedieron mientras leía el Corán.
En primer lugar, estaba leyendo la siguiente Surah [Al Baqara] (el segundo
capítulo del Corán, versículo 21) y simplemente dejé de leer. Cerré mis ojos y
pensé en Dios. De repente sentí la unicidad de Dios, la supremacía de Dios. Pude
percibir que no había razón para que tuviese un socio. Sencillamente, no veía a
alguien con Él que estuviese a Su altura. ¿Por qué necesitaría a alguien? No
necesitaba, estaba tan segura al respecto. Me envolvió una extraña sensación de
paz y realmente supe con seguridad que no había otro Dios más que Dios. Lo
único que quería era que esa sensación que me envolvía durara para siempre,
pero desapareció en un par de minutos.
Lo segundo me
sucedió mientras leía Surah Al Hayy (22:5). Cerré mis ojos nuevamente y vislumbré
una fotografía del mundo: desolado y nacido de nuevo. Vi un montículo de tierra
y una semilla convirtiéndose en árbol, y pensé “¿De dónde vino esa semilla?” “¿De dónde provienen todas las
hermosas variedades de plantas que se encuentran por todo el planeta?” Únicamente
pueden provenir de Dios. Sentí otra vez la paz y maravilla de Dios.
Los meses previos a mi conversión
Esos debieron ser los mejores y más
difíciles meses en mi vida. Hubo veces en que me sentía en la cima y otras veces
completamente desesperada. Este extracto de mi diario transcurre en el mes de Abril:
“Algo raro está ocurriéndome y no sé cómo
me siento acerca de eso, no sé si es una cosa buena o mala, si estoy dejándome
llevar por mi imaginación o si estoy dejándome lavar el cerebro. Aunque también
podría ser lo correcto, lo que debiera ser.
Lo cierto es que estuve estudiando el Islam
y realmente estoy pensando en convertirme… Dios me ayude. Por el momento
simplemente no sé qué pensar, todo este asunto me asusta tanto que me eriza la
piel. Nunca pensé que esta clase de cosa podría ocurrirme. Indudablemente no quería convertirme. Siempre me consideré católica, siempre creí
en Dios y siempre creí que Jesús era el hijo de Dios.
Ahora estoy cuestionando todo, estoy cuestionando todo mi estilo de vida
y todo lo que se me enseñó que debía creer”.
Pensaba en el Islam desde que me levantaba
en la mañana hasta que regresaba a casa por la noche. Acto seguido, cuando escuchaba
el adhan, sentía un intenso deseo de orar, y al principio oraba en la forma
cristiana. Luego le pedí a uno de mis colegas del trabajo un libro sobre cómo
rezar y me dio uno. Leí el libro, observé a las personas rezar en la televisión
e hice muchas preguntas. En seguida empecé a orar. En aquel tiempo nadie estaba
al tanto de ello excepto dos colegas del trabajo, el egipcio y un jordano, también
muy buen musulmán.
Al principio oraba sin cubrirme el cabello.
No sabía que se suponía que debía hacerlo; cuando alguien finalmente me lo dijo
sencillamente no comprendí el motivo. Una vez en el trabajo discutí largo y
tendido con Jaled al respecto, aún así no pude asimilarlo. Más tarde aquella
noche, mientras caminaba para tomar el ómnibus, sentí la superioridad de Dios y
lo pequeña e insignificante que era en comparación; me sentí como una hormiga ante
el mundo extendido frente a mí y comprendí que debía cubrir mi cabeza mientras
oraba ya que Dios sabía todo lo que yo hacia, que no tenía derecho de ser
orgullosa y que debía complacerlo en todo lo posible. Jamás dudé otra vez en
cuanto a cubrirme la cabeza durante la oración.
Mi diario íntimo - 23 de Abril de 1995
“Bien, todavía no estoy segura de lo que
hago. Hay momentos en que parece todo tan claro y pienso: “Sí, lo creo y quiero
gritarlo”. Después, hay veces en que me siento muy insegura, indecisa y asustada,
tan sólo no sé qué estoy haciendo. Esto es muy duro. Aparte de eso es una muy
buena religión. El Corán es maravilloso y está todo ahí: cómo comportarse,
cómo rezar, qué hacer, qué no hacer. No hay como eso en la iglesia católica, además
del hecho de que cambian de vez en cuando según su conveniencia. Quien sigue
esta religión no puede tener maldad para con nadie. Solamente se puede ser
amable, paciente y tolerante, y nunca se puede olvidar a Dios ya que se lo
venera cinco veces al día. Amo rezar,
siempre fue así. Ayuda a que uno recuerde todas las cosas buenas de la vida, de
dónde vinieron y que siempre se debe estar agradecido por eso. Aporta paz a la
vida”.
En ocasiones, me alegraba inmensamente por
haberme enterado sobre el Islam, y en ocasiones deseaba jamás haber oído de su
existencia ya que en cuanto supe la verdad era consciente de que sólo me restaba
convertirme. Sin embargo, todavía estaba aferrándome a mi antigua vida, aun habiendo
renunciado a la bebida y a las fiestas temía perder a mis amigos occidentales y
el prejuicio que enfrentaría en cuanto comenzara a cubrirme la cabeza. Conversé
este asunto con Jaled tantas veces y siempre le repetía: “Nunca tendré el valor
para llevar el hiyab”. En cada una de esas oportunidades él me respondía diciendo:
“Cuando sea la voluntad de Dios, tendrás el valor”.
Mi diario íntimo: “Mi problema es que soy una
cobarde nata. Temo la reacción de la gente cuando empiece a cubrirme la cabeza.
¿Cómo podría contarle esto a mi madre o a Liz en Australia? ¿Cómo podría ir a
Australia o a Irlanda con la cabeza cubierta? No creo
que pueda dar la cara, tú sabes. Dios mío, dame fuerzas.
|