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La simplicidad del Islam, el poderoso llamado y la absorbente atmósfera
de sus mezquitas, sus fervientes fieles, la confianza que inspira la realización
de millones a lo largo del mundo que responden a las cinco llamadas a la
oración – estos factores me atrajeron desde el principio. Pero después de
decidir que me convertiría en un seguidor del Islam, encontré muchas razones profundas
para confirmar mi decisión. El apacible concepto de vida – el fruto de la
combinación del curso de acción y contemplación del Profeta – su sabio consejo,
las admoniciones de caridad y piedad, el amplio humanismo, la declaración de
los derechos de propiedad de la mujer – estos y otros factores de las
enseñanzas del hombre en La Meca, eran las evidencias más obvias de una religión práctica, tan concisa y acertadamente
personificada en las palabras críticas de Muhammad, que la piedad y bendiciones
de Dios lo acompañen, “Confía en Dios y ata tu camello”. Nos brindó un sistema
de religión de acción normal, no fe ciega en la protección de una fuerza
invisible en lugar de nuestra propia negligencia, sino confianza de que hacemos
todas las cosas bien y lo mejor que podamos, podemos confiar en lo que viene
como Voluntad de Dios.
El amplio criterio de la
tolerancia del Islam por otras religiones conquista a todos los amantes de la
libertad. Muhammad advirtió a sus seguidores que trataran bien a los creyentes
del Antiguo y Nuevo Testamento; Abraham, Moisés y Jesús son conocidos como
profetas del Único Dios. Seguramente esta actitud es generosa y más avanzada
que las de las demás religiones.
El desentendimiento total de
la idolatría… es un signo de la salubre fuerza y pureza de la fe musulmana.
Las enseñanzas originales del
Profeta de Dios no están envueltas en el laberinto de cambios y adherencias de
doctrinas. El Corán continúa siendo como llegó a las corruptas y politeístas
personas de los tiempos de Muhammad, incambiable como el sagrado Corazón del
Islam mismo.
La moderación y la templanza
en todas las cosas, las claves del Islam, ganaron mi incalificable aprobación.
La salud de estas personas era apreciada por el Profeta, quien disfrutaba
observar una estricta pulcritud y específicos ayunos y subordinados apetitos
carnales… cuando me detuve en las inspiradoras mezquitas de Estambul, Damasco,
Jerusalén, el Cairo, Argel, Tánger, Fez y otras ciudades, fui consciente de la
poderosa reacción a la potente elevación del simple llamado del Islam al
sentido de cosas más elevadas, sin la ayuda de trampas elaboradas, figuras,
dibujos, música y rituales ceremoniales. La mezquita es un lugar de tranquila contemplación
y auto inscripción en la grandiosa realidad del Único Dios.
La democracia del Islam
siempre había llamado mi atención. Los ricos y los pobres tienen los mismos
derechos en el piso de la mezquita, en sus frentes, en la humilde adoración. No
hay bancos comprados ni asientos reservados.
El musulmán no acepta a ningún
hombre como mediador entre él y su Dios. Va directamente a la fuente invisible
de creación y vida, Dios, sin dependencia de una fórmula de salvación o
arrepentimiento de pecados y la creencia en el poder de un maestro para lograr
la salvación.
La universal hermandad del
Islam, sin importar la raza, política, color o país, me ha brindado los mejores
tiempos de mi vida y esa es otra característica que me acercó a la Fe.
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